• Escribiendo un abrazo

Algún día no


Realizar aquello que quiero, siento y no me atrevo a hacer porque nunca encuentro el momento perfecto.

Y es que, en más de una ocasión, me he sorprendido soñando sueños que están al alcance de mi mano y sólo dependen de mí hacerlos realidad y, en cambio, tras un suspiro bastante desalentador, suelto el “algún día” que los aplaza y me consuela mentalmente al darme esperanzas a un largo plazo taaan largo que terminan en el olvido. Esa es la primera y sedante sensación que la pequeña expresión tiene en mis ganas de descubrir, de experimentar, de aprender y, en definitiva, de vivir. Pero lo que realmente se esconde detrás es el miedo a lo desconocido, al no verme capaz, al siempre ponzoñoso y sobrevalorado “qué dirán”, al sentirme abrumada por todos los contras sin pensar en ningún pro y, también, aunque a veces me cueste reconocerlo, a un cierto grado de pereza que convierte mis puntos flacos en unos bien gorditos y termina por convencerme de que ahora no es el momento, que ya habrá uno mejor.

Pero no siempre es así. Ojalá que sí, pero… el tiempo que tenemos aquí es finito y la vida pasa, independientemente de lo que hagamos en ella. Así que vale la pena (mucho, muuucho) disfrutarla al máximo. Porque no tiene sentido medir la vida en años, días o segundos cuando lo que de verdad hace de ella el auténtico regalo que es, es todo lo que podemos vivir desde el corazón, convirtiendo en sus legítimos medidores, por ejemplo, los latidos acelerados, los momentos que nos dejan sin respiración, las sonrisas desde el alma y el genuino amor.

Ese “algún día” implica, necesariamente, que hoy por hoy no estoy dispuesta a hacer todo lo que necesito para conseguir lo que de verdad quiero. Así que no, “algún día” no. El día es hoy.

Sé a la perfección que el momento perfecto es ahora. El auténtico presente es el único instante que debería atrapar nuestra energía y atención y es el espacio temporal ideal donde deberían desarrollarse todos nuestros pensamientos. Siempre arrastrando el pasado, siempre temiendo al futuro. Lo único que conseguimos con ello es usurpar lo que los pies en el suelo y el aire en los pulmones quieren recordarnos: que la vida está aquí, ahora, en este preciso momento, en el lugar donde nos encontramos, en los sentimientos que tenemos, en lo que estamos haciendo.

Así que no voy a escatimar en abrazos y besos, no dejaré de bailar mi canción preferida aunque esté sola en casa o rodeada de gente en el súper, no me perderé más amaneceres por hacer sonar el despertador 5 minutos más tarde, no dejaré de escribir, no me guardaré más tímidos “te quiero”, no me callaré ante las injusticias, no cargaré dolores y rencores, no soñaré pequeño.

En cambio, voy a regalar sonrisas desde el corazón, a repartir abrazos escritos, a ayudar a todo el que se cruce en mi camino, a publicar libros, a conocer el mundo sin apuro, a comer increíbles manjares, a encontrar personas especiales, a compartir los buenos momentos, a cumplir mis sueños y a hacer, en definitiva, todo aquello que me salga desde el corazón.

Y sólo reservaré el verdadero “algún día” para aquellas ocasiones en las que, de ninguna manera, no dependa de mí realizar lo que me proponga. Porque si puedo hacer algo para conseguirlo, no estoy dispuesta a aplazarlo si las razones que me detienen esconden inseguridades y miedos.

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