• mns estilo de vida - Mª José Roldán Prieto

¡Se acabaron los gritos! La disciplina sin lágrimas


"No se trata de la talla que usas, sino de cómo la usas"

Los gritos nunca serán una buena opción de crianza para padres que quieren hijos felices y bien educados. El buen comportamiento no se enseña con ningún tipo de agresividad, de hecho, un castigo o las malas formas solo potenciará el mal comportamiento en el futuro. Es necesario que la disciplina sea tranquila y sobre todo, que los padres tomen el control de sus propias emociones. Cuando gritas a tus hijos, te dejarán de escuchar y no aprenderán qué deben hacer mejor la próxima vez, solo se generarán resentimientos contra tu persona.

Cualquier niño, incluso los niños con TDAH (Trastorno de Déficit de Atención con Hiperactividad) pueden tener un comportamiento impulsivo, y cualquier niño o niña puede tener comportamientos poco deseados por sus padres. Cuando un padre lleva al extremo de gritar a sus hijos por el mal comportamiento es la antesala a la agresión verbal o física... Por lo que hay que andar con mucha cautela y sobre todo, controlar las propias emociones.

Por ejemplo, los niños con TDAH tienen hipersensibilidad emocional por lo que cualquier tipo de agresividad podría causarles graves daños emocionales, aunque esto puede ocurrirle a cualquier niño o niña que reciba un trato desmesurado por parte de sus padres. Si un padre o una madre se comporta mal con sus hijos, éstos le perderán el respeto y le tendrá miedo.

Adoptar un enfoque positivo Es necesario tener un enfoque positivo en la crianza para que sea eficaz y para que los niños aprendan a actuar bien. La disciplina positiva es indispensable en este sentido. Esto significa recompensar el buen comportamiento. Pero más importante aún, significa participar en actividades que ambos disfrutan para profundizar el vínculo entre los padres y los hijos. Aunque se ha demostrado que las nalgadas tienen un impacto negativo en los lazos con los padres, un enfoque positivo garantiza que, cuando sea el momento

Ser positivo no es la única forma de disciplinar a tu hijo sin gritar y sin lágrimas. Hay muchas formas de poder llevar a cabo este enfoque positivo y que los gritos en tu hogar, se queden como algo de pasado para olvidar y disfrutar del nuevo presente en armonía y felicidad familiar.

Anticipa los momentos críticos Es necesario que los padres planificar de forma anticipada las posibles rabietas de tus hijos. De esta manera podrás escoger el momento para que tus hijos sean capaces de sentirse bien y calmarse, planificando una ruta de escape antes de que las circunstancias se pongan feas.

Una estrategia puede ser decirle a tus hijos que os habéis convertido en magos y que desaparecéis para que las cosas que están tensas se vuelvan a calmar y después, poder reflexionar sobre lo sucedido. En este sentido, podéis ir cada uno a una habitación durante 3 minutos y después reuniros para buscar soluciones a la situación tensa.

Busca la relajación Cuando se trata un incidente debe hacerse lo antes posible pero si se está enfadado es mejor esperar a calmar esos nervios antes de mostrar una mala conducta a los hijos. Si tu hijo comienza a discutir y sigues haciendo lo mismo, es probable que la cosa estalle por momentos. Si te enfadas tus hijos no aprenderán nada de disciplina en ese momento y solo recibirán que gritar enfadado es una buena forma de comunicación.

Piensa como un policía Para evitar enfadarte puedes aprender a pensar como un policía. Cuando un policía te detiene por exceso de velocidad, él no te grita ni te dice lo mala persona que eres. Él dice: "¿Te das cuenta de lo rápido que ibas? Dame el carnet de conducir, por favor. "Hiciste el crimen, recibes las consecuencias". Las personas saben que existen unas leyes que deben cumplir si no quieren tener las consecuencias de sus actos y tener problemas con la justicia.

En este sentido, debes asegurarte de que tus hijos saben cuáles son tus expectativas hacia ellos, así sabrán qué se espera de su comportamiento y tendrán unas consecuencias claras si se lo saltan. Es necesario ser constante en la disciplina de los hijos.

Conoce a tu hijo Cada niño es un mundo y por tanto, no puedes aplicar la misma disciplina a todos por igual. Aunque conozcas diferentes estrategias educativas, será importante saber cuáles son mejores para aplicar a tus hijos o si esas estrategias pueden tener alguna modificación para que sean mejor adaptaciones para aplicar en la crianza de tus hijos.

Necesitarás conocer cómo es tu hijo y cuáles son las estrategias disciplinarias que mejor le van. Cuando algo le moleste y le haga reaccionar es necesario que reconozcas su patrón de comportamiento, tendrás que respetar sus emociones y aprender a separar sentimientos de comportamiento. Es decir, deberás respetar que tu hijo se sienta enfadado pero eso no es justificable para que se comporte mal. Enseña a tus hijos a que entiendan sus emociones, a que le pongan nombre y a canalizar las emociones de forma correcta. Por ejemplo, si tu hijo se enfada, deberás enseñarle a calmarse por ejemplo, respirando profundamente y contando hasta 10 para después, en calma, buscar la solución a lo que le está haciendo sentir mal.

¿Eres parte del problema? Fíjate cómo es tu comportamiento con tu hijo porque quizá tu hijo se comporta mal (grita o da golpes) porque es una conducta aprendida de lo que ve en casa, es decir, que copia los patrones de conducta que tú tienes diariamente, quizá, sin tan siquiera darte cuenta.

Si esto es así, es importante que seas honesto contigo mismo/a y que identifiques cuáles son los comportamientos que no encajan con una buena conducta y que una vez que tomes conciencia, pongas remedio. Si te cuesta canalizar tus emociones de forma correcta, será difícil que ayudes a tu hijo a hacerlo bien, por lo que primero deberías trabajar contigo mismo y aprender a entrar en calma antes de dejarte llevar por la cólera.

Recuerda al mismo tiempo que es muy importante estable normas y rutinas en casa para que tus hijos sepan qué esperas de ellos a cada momento. Pero esas reglas, no solo deben aplicarse a los hijos. Tú como padre o madre tendrás que ser el mejor ejemplo de conducta y comportamiento para que tus hijos aprendan a comportarse cómo esperas que lo hagas. Tus acciones siempre serán su mejor maestro.


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