Solo cosas buenas!


El que se da a la codicia arruina su propia casa» (Prov. 15: 27).¿ES MALO codiciar? Seguramente dirás que sí, pues un mandamiento lo prohíbe. Pero ¿es malo así, de manera rotunda y absoluta?


Según el diccionario, «codiciar» es «l) desear con ansia las riquezas u otras cosas; 2) el deseo vehemente de algunas cosas buenas». Creo que estaremos de acuerdo en que desear con ansia, o vehementemente, no es malo si lo que se desea son cosas buenas.


¿Es malo que un hombre «desee con ansia» a una mujer, si ambos son solteros y existe la posibilidad de que le corresponda? Lo malo es que codicie a una mujer casada o, si él está casado, que desee a otra. ¿Es malo desear un cargo de responsabilidad en la iglesia? Pablo dice: «Si alguno aspira a ocupar el cargo de anciano en la iglesia, desea una posición honorable» (1 Tim. 3: 1, NTV). La cuestión está en cuál es el motivo que nos lleva a codiciarlo y si estamos dispuestas a arrebatárselo a otro.


No estoy poniendo en tela de juicio un mandamiento de Dios, sino dirigiendo tu mente al matiz que el propio Dios incluyó en él: «No codiciarás la casa de tu prójimo: no codiciarás la mujer de tu prójimo, ni su siervo, ni su criada, ni su buey, ni su asno, ni cosa alguna de tu prójimo» (Éxo. 20: 1 7, RV95). Ese tipo de codicia si resulta ofensiva para Dios, pues fue la raíz del primer pecado del universo (Isa. 14: 13-14). Lo malo de Lucifer es que quiso ser lo que no le correspondía; quiso ser igual a Dios.


Esta fue también la raíz del pecado de Acán, quien deseó para si un botín para el que Dios ya tenía reservado un destino, y que por tanto no le correspondía tener (ver Jos. 7), ni tan siquiera desearlo con ansias. Aunque su destino fuera el exterminio, el botín había de ser respetado, así como nosotros hemos de respetar lo que Dios no nos ha llamado a ser, tener o hacer. Desearlo es pecado.


No hay nada de malo en ambicionar cosas buenas,

en querer llegar al máximo de nuestras capacidades, en apuntar a lo más alto, siempre y cuando lo hagamos teniendo en consideración lo que Dios desea para nuestra vida, y no nuestro deseo de que nuestra vida sea aquello para lo cual Dios no nos ha llamado a nosotros, sino a otra persona.


“No codiciarás.” – Dios


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