Una verdad absoluta

En todo tiempo ama el amigo, y es como un hermano en tiempo de angustia (Proverbios 17:17).

LOS JÓVENES de hoy no lo tienen fácil. Ni siquiera nuestros hijos, criados en un hogar creyente, son inmunes al relativismo que impera. Acércate a escucharlos y verás que se expresan en términos como: “Yo lo veo así, pero tú puedes verlo de otra manera”; “En mi opinión, lo que Dios quiere decir es esto, pero tú puedes opinar distinto”. Sus palabras indican que, para ellos, la verdad de la Biblia no es objetiva y absoluta, sino que viene determinada por el filtro de sus propios razonamientos y su manera de ver la vida. No acuden al texto bíblico para descubrir en él qué es verdad y qué no lo es; qué es correcto o incorrecto. Buscan dentro de sí mismos una verdad que se acomode a su propia experiencia, y es en esa verdad en la que creen.

Por eso hoy, no es suficiente con que crean en algo, pues esa creencia seguramente estará mucho más fundamentada en sus propias preferencias y opiniones, en sus sentimientos o emociones, que en un “así dice Dios”. ¡Cómo ayudarles a ir más allá de la creencia subjetiva hasta llegar al convencimiento de una verdad objetiva, absoluta y relevante para sus propias vidas? ¡Cómo contrarrestar la influencia del pensamiento postmodemo y llevarlos a entender que la Palabra de Dios presenta una verdad objetiva, que pueden llevar a su propia experiencia?

Lo primero es que nosotros, padres, educadores y dirigentes, nos mostremos a nuestros hijos y jóvenes como ejemplos reales de vidas fundamentadas en los sólidos principios bíblicos. No tanto por palabra sino por obra, que es como ellos entienden, podemos acercarlos al cristianismo real. Además de mostrar esta coherencia, hemos de comprender que lo que ellos más valoran son las relaciones positivas y significativas. Si nos relacionamos con ellos con amor, tolerancia y paciencia, les estaremos facilitando su propia relación con Jesús, quien vino a este mundo para mostramos cuánto valora el Padre tener una relación estrecha con cada uno de sus hijos. La verdad no es un concepto abstracto, sino una persona, Jesús, que desea una relación real y diaria con ellos.

Creer en Jesús debe conducir a una relación estrecha con él. Ayudemos a nuestros jóvenes a desarrollarla, y Jesús hará el resto. Ayudémosles a encontrarse con ese que es el camino, la verdad y la vida.

“Dios es siempre el mismo: en él no hay variaciones ni oscurecimientos” (Sant. 1:17).


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