Imposible!


«¿Hay algo difícil para Dios?» (Gén. 18: 14. NVI)

A VECES A veces suceden cosas que parecen imposibles, como cuando en 2012 ni el Real Madrid ni el Barcelona, los dos mejores equipos de futbol del mundo en ese momento, llegaron a la final de la Liga de Campeones de los mejores clubes de Europa. ¡No se podía concebir otro candidato para llevarse el trofeo! Sin embargo, otros dos equipos, de manera sorprendente, se disputaron la gloria. ¿De dónde salieron? Todavía no me lo explico. Pero este tipo de «surgimientos inesperados», que raramente se producen según la lógica humana, son una fórmula más que probable en las matemáticas de Dios, donde dos más dos, casi nunca son cuatro. Dios está acostumbrado a usar el factor cero sin que el resultado sea cero; a hacer surgir lo posible no de lo que parece imposible, sino de lo que es imposible.

Hubo varias ocasiones en la historia del pueblo de Dios en que las cosas no es que parecieran, sino que eran imposibles. No había ni un candidato, nadie a quien Dios pudiera usar para llevar la salvación a los suyos. Pero cuando parecía no existir camino, el abrió un camino; cuando parecía no haber candidato, Dios lo hizo aparecer en escena.

Estando en vigencia el edicto de echar al río a todo niño hebreo que naciera, Dios abrió el camino a Moisés para que llegara a convertirse en el gran libertador de Israel de la esclavitud de Egipto (Exo. 1: 22- 3:12).

Cuando parecía imposible que se cumpliera para Abraham y Sara la promesa de descendencia, pues ya Sara había superado la edad fértil, «Sara concibió y dio a Abraham un hijo en su vejez» (Gén. 20: 2, NRV). Cuando hacía falta un hombre que liberara a Israel de la opresión filistea, una mujer estéril concibió y dio a luz a Sansón (Juec. 13). Otra mujer también estéril, llamada Elisabet, concibió a Juan el Bautista, quien vino a este mundo «con el espíritu y el poder de Elías, para reconciliar a los padres con los hijos y guíar a los desobedientes a la sabiduría de los justos. De este modo [preparó] un pueblo bien dispuesto para recibir al Señor» (Luc. 1: 17, NVI).

Teniendo un Dios así, ¿qué hemos de temer? El hará el milagro necesario en tu vida para mostrarte su amor, o acaso «¿hay algo difícil para Dios?» (Gén 18: 14, NVI). Confía plenamente en Dios y en sus métodos.

“La palabra «imposible» es poco acertada; no hay que esperar mucho de quienes la ponen con frecuencia en su boca.” – Thomas Carlyle

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