Tres consejos para tener un buen matrimonio

UN MATRIMONIO FELIZ no es producto de la casualidad, ni se da por arte de magia. Un buen matrimonio tiene que forjarse siguiendo los consejos bíblicos y la colaboración mancomunada de la pareja. Les presento tres consejos que pueden enriquecer su relación matrimonial. Es fundamental que junto con su pareja realice los ejercicios que mencionamos.­


Paciencia


Tuve el privilegio de oficiar en la renovación de votos ma­trimoniales de una pareja que cumplía cincuenta años de ca­sados. Pregunté al esposo cuál había sido el secreto del éxito de la pareja, pero no pudo explicarlo en pocas palabras. Hice la misma pregunta a la esposa y ella la respondió con una sola palabra: «Paciencia». Y añadió: «Hemos tenido paciencia para aceptar las diferencias que cada uno forjó en el ho­gar, en su círculo social, educativo y religioso; paciencia para esperar que el otro comprendiera o aceptara una nueva vi­sión de vida; paciencia para aceptar el temperamento y el carácter de nuestra pareja; paciencia para esperar cambios en su cónyuge».


La paciencia es la capacidad de tolerar o soportar una si­tuación concreta sin experimentar nerviosismo ni perder la calma. Por esta razón animo a los cónyuges a cultivar la pa­ciencia en todos los detalles de la vida matrimonial. Tener paciencia para elegir desde lo más sencillo, como el color de las cortinas y los muebles, el menú de la comida, el lugar para ir de vacaciones, la vestimenta, hasta las elecciones más complejas, es decir, la educación los hijos, el presupuesto familiar, la compra de una casa, hijos que tendrán, los ahorros, la capacidad de la jubilación, etcétera.


Ejercicio:

Recuerde algunas circunstancias en que su pareja mostró paciencia con usted y exprese gratitud.


Cultivar aficiones similares


Muchas personas casadas se quejan de que su pareja es muy distinta y que no tienen casi nada en común. Por ejem­plo, él quiere ver en la televisión un partido de su equipo fa­vorito, pero ella cree que es una pérdida de tiempo; uno de­sea ir de vacaciones a las montañas cubiertas de nieve, pero el otro detesta las alturas y quiere estar en la playa; ella desea que su pareja la acompañe para ir de compras, pero a él no le gusta ir de tiendas.


Para fortalecer los vínculos de la unión matrimonial es necesario que las parejas realicen actividades conjuntas en los diversos quehaceres de la vida. La fórmula es sencilla: cuantas más actividades realicen como pareja, mayor com­pañerismo y felicidad tendrán. Llevar a cabo diversas tareas permitirá que pasen más tiempo juntos, que se complemen­ten en las diferentes circunstancias de la vida y disfruten de la compañía de su cónyuge.


Para enriquecer su matrimonio les sugiero que, en vez de realizar actividades con sus amigos, amigas o colegas de trabajo, a fin de incrementar las actividades que les produzcan satisfacción a ambos, realicen esas mismas actividades con su cónyuge. Por ejemplo, escojan un método para caminar o correr al aire libre, ir al gimnasio o practicar un deporte juntos; vayan de compras, vean programas que les gusten a ambos, asistan a seminarios o participen en algun­ programa comunitario, social o eclesiástico.


Ejercicio:

Hagan una lista de las actividades que disfrutan hacer en pareja.


Comunicación


Con el transcurso de los años, uno de los mayores desafios a los que se enfrentan los matrimonios es mantener una comunicación eficiente. Muchas parejas reconocen que pasan mucho tiempo sin dialogar, solo sostienen una comuni­cación elemental, que consiste en dar noticias, hacer co­mentarios de lo transcurrido en el día, informar sobre la conducta de los hijos, etcétera.


La comunicación conyugal se deteriora cuando existen algunos de estos obstáculos: exceso de trabajo, conducta inapropiada, satisfacción egoísta, compras sin consultar, deudas y palabras hirientes a su pareja. Para que la comunicación pueda producir felicidad en el matrimonio se requiere que se produzca en dos direcciones. En primer lugar, practiquen la comunicación vertical. Esta comunicación, que es vital para la vida conyugal, consiste en conversar con Dios, por medio de la oración y el estudio de las Sagradas Escrituras. Cada día, las parejas tienen que comunicarse con Dios, para que él les enseñe a ser corteses, perdonadores y reconciliadores (2 Corintios 5: 17-20)_


En segundo lugar, desarrollen la comunicación horizon­tal, que consiste en escuchar a su pareja con empatía, hacer preguntas y mostrar interés en el tema que se aborda.


Ejercicio:

Siéntese con su pareja frente a frente, mire su rostro sin hablar durante dos minutos y trate de descubrir el mensaje de sus ojos. Diga a su pareja el momento más triste que ha pasado durante su vida conyugal y luego exprese dos episodios en los cuales fue muy feliz.


Mi esposa y yo hemos seguido estos consejos durante más de treinta años y le puedo asegurar que sí funcionan.


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