Comprender y ayudar al adolescente.


Ante tantas y tan variadas situaciones y actividades que los adolescentes tienen que encarar, los padres se preguntan:


Cómo podemos comprenderlos, y así apoyarlos y prestarles ayuda?


En realidad, no resulta tarea fácil, pero en condiciones normales es perfectamente posible salir airoso de esta singular etapa.


Quizá la mayor necesidad de padres y adultos sea conocer de antemano la psicología del adolescente.


Cuando un padre o una madre entiende las razones de la conducta de su hijo o su hija, puede proporcionarle una ayuda mucho más positiva.


No hay que extrañarse - ni hacérselo notar- de que el hijo no sea ya el niño agradecido y dócil de antes. O si se forma independiente y aparentemente seguro de él mismo. O si deja de ser comunicativo. Estos son algunos de los cambios normales en la personalidad del adolescente.


Consecuentemente, los padres necesitan cambiar las técnicas de disciplina, sobre todo si han mantenido una linea autoritaria.


Es hora de hablar razonando y, sobre todo, de escuchar. Es hora de llegar a acuerdos, de ir concediendo libertades poco a poco. De ser humildes, evitando creerse infalibles. Y de expresar a sus hijos adolescentes un amor sincero, genuino y desinteresado, que no es rudo, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor, como dice San Pablo en su primera carta a los Corintios.(13:5)


Este amor genuino, que no es meramente sentimental, es el verdadero fundamento de un nuevo estilo de vida en las relaciones entre jóvenes y adultos.


Lo dicho no implica dejarles hacer lo que ellos quieran cuando no sea correcto, pues eso supondría una falta de responsabilidad paterna.


Se trata de delimitar explicita y claramente lo que se espera del adolecente. Por ejemplo, que dé prioridad a sus deberes escolares, que se ocupe de alguna tarea doméstica, que hable y trate con amabilidad y cortesía a los demás miembros de la familia, que no llegue a casa más tarde de la hora acordada...


Cada familia tiene expectativas diferentes. En cualquier caso las normas de convivencia y conducta establecidas tienen que ser pocas, claras y respetadas.


A partir de ahí, el adolescente tiene que contar con libertad de acción.


Para mantener una buena relación con el adolescente es imprescindible establecer una auténtica amistad.


El adolescente con frecuencia rechaza el consejo de un padre o una madre, pero escucha a un amigo. Esto es algo que debe entenderse y ponerse en práctica lo antes posible.


Los resultados más satisfactorios se obtienen en los casos en que la amistad se ha fraguado en la niñez.


No hay que escatimar en tiempo y en esfuerzo para hacer actividades juntos (deportes, salidas, etc) que ayudan a profundizar en la amistad.

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