Escoge bien a tus consejeros.


Aléjate del necio, pues de sus labios no obtendrás conocimiento. Proverbios 14:7



¿Cuál es el colmo de un padre sabio? Que el hijo le salga necio. Y sin ánimo de ofender a nadie, ¿de qué otra manera se puede calificar a Roboam, el hijo del sabio Salomón?


Roboam tuvo acceso a la sabiduría de los sabios, pero prefirió la necedad de los fatuos. Fue precisamente su padre, Salomón, quien escribió: «Júntate con sabios y obtendrás sabiduría; júntate con necios y te echarás a perder» (Prov. 13:20). Roboam hizo exactamente lo contrario.


Desde regiones lejanas de la tierra la gente venía a escuchar la sabiduría de Salmón (ver 1 Reyes 10:24). ¿Dónde estaba Roboam mientras su padre impartía su sabiduría?


El ejemplo más claro de su necedad lo encontramos cuando Roboam heredó el reino, después de la muerte de su padre. Justo al comienzo de su reinado, el pueblo le pidió que aliviara la carga que Salomón había impuesto sobre ellos. Recordemos que Salomón «exprimió» los bolsillos del pueblo al exigirles un impuesto tras otro para complacer los caprichos de sus esposas y concubinas (ver 1 Reyes 11:1-11). Lo más sensato era que Roboam aliviara esa carga. Y ese fue precisamente el consejo que le dieron los ancianos asesores del reino.


Sin embargo, ¿qué hizo Roboam? «No hizo caso del consejo de los ancianos, sino que consultó a los muchachos que se habían criado con él» (1 Reyes 12:8). Y el consejo de sus amigos no pudo ser peor: ¡Le aconsejaron que aumentara la carga sobre el pueblo!

Difícilmente se pueda ser más necio. Como resultado de esta decisión, diez de las doce tribus de Israel se rebelaron contra Roboam. Solo Judá y Benjamín se mantuvieron leales al insensato rey. Con un reino dividido, debilitado y disminuido, Roboam en pocos años destruyó lo que tanto les había costado edificar a su abuelo David y a su padre Salomón. ¡Y todo por no escuchar el consejo de los más sabios!


La lección está clara: «Atiende al consejo y acepta la corrección; así llegarás a ser sabio» (Prov. 19:20). O como lo expresa la sabiduría popular: «El que no escucha consejo, no llega a viejo».


Delante de ti están las grandes decisiones de la vida: «¿Qué estudiaré?» «¿Con quién me casaré?» «¿Qué creeré?». ¡Escoge bien a tus consejeros!

Dame, Señor, Discernimiento para buscar siempre el consejo de tos sabios.


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