Ya tienes tu montaña?


Con la ayuda de Dios haremos grandes cosas. Salmo 80:12


Cuando se le preguntó a Edmund Hillary qué lo había motivado a arriesgar su propia vida con el fin de escalar el monte más alto del mundo, el Everest, simplemente respondió: «Porque nadie lo había hecho antes. Había que escalarlo», Ni los 8,842 metros de altura, ni todas las dificultades que se le interpusieron (las tormentas de nieve, el frío que le helaba la sangre, los abismos profundos) impidieron que este hombre y el nativo que lo acompañó, Tenzing Norgay, lograran lo que nadie había podido hacer hasta aquel 29 de mayo de 1953.

¿Qué impulsa a que un ser humano se trace una meta y, con esfuerzo sostenido, la alcance, a pesar de las dificultades que se le atraviesan? Es el poder de un ideal. Así lo expresa Félix Cortés: «Todos los grandes hombres [y mujeres] que han ido al espacio y al fondo del mar, a las selvas y a los desiertos; todos los que han escalado las grandes cumbres y han construido la grandeza humana, lo hicieron porque tenían un ideal. Este ideal los galvanizó para realizar sus memorables hazañas" (Un sitio en la cumbre, p. 50).

¿Tienes ya tu ideal, es decir, «tu montaña» que escalar? Es necesario que la tengas. Como bien lo expresa Elena G. de White en su libro Mente, carácter y personalidad, «una vida sin metas [sin ideales] es morir en vida» (t. 1, p. 341). Y no solo necesitas tener metas, sino que estas también deberían ser elevadas, pues elevada» son las expectativas que Dios tiene para ti, tal como lo expresa el siguiente pensamiento: «Recuerden que nunca alcanzarán una norma más elevada que la que ustedes mismos se fijen. Fíjense, pues, un blanco alto y asciendan todo lo largo de la escalera del progreso, paso a paso, aunque represente penoso esfuerzo, abnegación y sacrificio» (Mensajes para los jóvenes, p. 69).


Sí, Dios espera grandes cosas de ti, y porque espera mucho de ti, te ha capacitado con el potencial necesario para «ascender la escalera del progreso paso a paso».

¿De qué tamaño es tu montaña? Solo tú puedes decidir qué altura tendrá, pero hoy te desafío para que escojas una montaña elevada y, con tu esfuerzo y la ayuda de Dios, llegues a la cumbre.


Señor, coloco todos mis planes en tus manos, para que se cumplan o no de acuerdo a tu voluntad.


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