Los pecadores no tienen escapatoria



No se puede pecar impunemente. Esta es una de las sentencias más categóricas de la Biblia. Cómo dice el sabio Salomón: *El que es perseguido por homicidio será un fugitivo hasta la muerte* (proverbios). La justicia humana y la divina son implacables. Cuando los nativos de malta vieron que una serpiente se prendió de la mano del apóstol Pablo, en tiempo de frío, cuando ya están aletargadas, dijeron: *Sin duda este hombre es un asesino, pues, aunque se salvó del mar, la justicia divina no va a consentir que siga con vida* (hechos 28:4).


Si la justicia humana no atrapa pronto a los asesinos, la justicia divina los alcanzará más tarde. La historia de Henry Ziegland nos enseña esto. En el año 1883, Henry terminó su relación con su novia, quien completamente desilusionada, se suicidó. El enfurecido hermano de la chica persiguió a Ziegland y le disparó con el revólver. Creyendo que lo había matado, el hombre se quitó la vida. Sin embargo, Ziegland no había muerto en el atentado. La bala solamente le había arañado el rostro y terminó incrustada en un árbol. Años más tarde, Henry Ziegland decidió cortar el mismo árbol, que aún tenía la bala en su interior. Para hacerlo se valió de varios cartuchos de dinamita. La explosión extrajo la bala de la corteza de modo que salió proyectada en dirección a Ziegland para incrustársele en la cabeza y ocasionarle la muerte.


El ejemplo es pertinente. Pero, la justicia divina no actúa al azar. Atemperada por el amor, se posterga hasta el límite de todas las posibilidades para que el culpable se arrepienta, pero tarde o temprano, se ejecutará. Por desgracia, como dice el sabio Salomón: *Cuando no se ejecuta rápidamente la sentencia de un delito, el corazón del pueblo se llena de razones para hacer lo malo* (Ecl 8:11). A veces es fácil tomarse la justicia por la propia mano y actuar en contra de otros. Pero hacerlo es muy arriesgado. Nuestro juicio es poco fiable, tendencioso y parcial.


Procura conducirte con justicia. Por supuesto, la justicia humana es importante, pero la divina lo es mucho más. Por tanto, procura poner tu vida en armonía con la justicia de Dios. Recuerda que su santa ley es el código de justicia celestial. Sé fiel y obediente, *pues Dios juzgará toda obra, buena o mala, aun la realizada en secreto*(Ecl 12:14)



Si se niegan, estarán pecando contra el Señor. Y puedes estar seguros de que no escaparán de su pecado (Números 32:23)

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