Un concepto revolucionario sobre Dios

December 22, 2016

 

Nuestro Dios, a quien adoramos, puede librarnos de las llamas del horno.
Daniel 3:17

Uno de mis relatos favoritos de la Biblia es el de los tres jóvenes hebreos (Ananías, Misael y Azarías) y la estatua de Nabucodonosor. Me gusta esa historia porque da cuenta del valor que mostraron estos tres muchachos ante quien era el rey más poderoso de la tierra, y porque revela la clase de relación que tenían con Dios.


Como bien sabes, las civilizaciones antiguas eran en su mayoría politeístas. Adoraban a todo un séquito de dioses. Casi se podría decir que había un dios para suplir cada necesidad importante: para la lluvia, la guerra, la cosecha, la felicidad, el amor. Pero esta clase de religión presentaba un problema: estaba motivada por el interés. Es decir, la gente buscaba los servicios de un dios en particular para que le concediera algún favor o la librara de algún mal. Cuando no obtenían ese favor, simplemente cambiaban ese dios por otro. Y es aquí donde entra en juego el concepto revolucionario de relacionarse con Dios. Recordemos, en primer lugar, cuál fue la amenaza del rey: «¿Es verdad que ustedes no adoran a mis dioses ni a la estatua de oro que yo he mandado hacer? [...]. Porque si no la adoran, ahora mismo serán arrojados a un horno encendido» (Dan. 3: 15).


¿Cómo respondieron los tres héroes hebreos a este «decreto de muerte»? Dijeron: «Nuestro Dios, a quien adoramos, puede librarnos de las llamas del horno [...]. Pero, aun si no lo hiciera, sepa bien Su Majestad que no adoraremos a sus dioses ni nos arrodillaremos ante la estatua de oro» (Dan. 3: 15-18; el destacado es nuestro).


¡Qué tremendo valor! En una época en la que los dioses eran desechables, estos tres muchachos publicaron a voz en cuello: «Serviremos a nuestro Dios, sea que nos libre o no». En otras palabras: «Nada en este mundo, ni siquiera la amenaza de muerte, nos apartará de la senda del deber».


¿Puedes tú decir lo mismo? ¿Seguirías sirviendo a Dios aunque no te concediera exactamente lo que le pides? El ejemplo de Ananías, Misael y Azarías nos enseña que la religión no consiste en estar de parte de Dios solo cuando nos da exactamente lo que le pedimos, sino en confiar que él nos dará precisamente lo que más nos conviene.
Señor, ayúdame a amarte en todo momento, aun cuando no siempre me concedas las cosas.

 

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