La mayor de todas las libertades 1


Mi matrimonio será tan feliz o tan miserable como yo quiera que sea. No puedo responder por la conducta de mi cónyuge, pero puedo responder por la mía. No puedo cambiar a mi cónyuge, pero yo puedo cambiar. Puedo espaciarme en sus defectos, pero puedo decidir ver más bien sus virtudes. Dicho de otra manera: No son las circunstancias las que deciden la calidad de mi matrimonio, sino la actitud que yo asuma al enfrentarlas.


Y esto es válido para cualquier situación de la vida. Qué fue lo que permitió a Victor Frank sobrevivir a los horrores de los campos de concentración nazis? * Lo único que no puedes arrebatarme*, escribió Frank; * es la manera como yo decida responder a lo que tú me hagas. La mayor de todas mis libertades consiste en que puedo escoger la actitud que debo asumir ante cualquier circunstancia*.


Cómo se aplican esta palabras al manejo de los conflictos matrimoniales y, en general. a todo lo que afecta la felicidad conyugal? La respuesta tiene mucho que ver con ese círculo vicioso en el cual, a veces nos encontramos y donde culpamos al otro de las circunstancias.*Si el no fuera tan egoísta, piensa ella. *Si ella no fuera tan exigente* razona él. La implicación aquí es doble. Para ambos, el otro es el problema y también de su cambio depende la solución. Esto es un círculo vicioso enfermizo que no se romperá a menos que los dos esposos cambien radicalmente su actitud.

Lo primero que cada cónyuge debe hacer es dejar de culpar al otro por todos los males de su matrimonio. planteamos el asunto de esta manera: Cuántos sospechosos hay en sus conflictos matrimoniales? Hay dos, y sólo dos: usted y su pareja. Y ahora, con toda sinceridad, responda: En su opinión, quién es el culpable de la mayoria de los conflictos? En su opinión muy probablemente no es usted.


Cómo funciona esta psicología cuando intentamos explicar los conflictos conyugales? Muy sencillo: la explicación variará dependiendo del *sospechoso* que esté siendo juzgado, Si soy yo, buscaré la causa, fuera de mi persona (*Tú me provocaste*.*La presión del trabajo me tiene muy tenso ultimamente*,,,), Por el contrario, si se trata de la conducta de mi cónyuge, buscaré las causas del problema dentro de él o ella (*Lo que pasa es que tu eres muy sensible a las críticas*. *Sólo piensas en ti...).*

La solución? Nada fácil. Aquí estamos hablando de un cambio de actitud que comienza cuando, al intentar explicar los conflictos conyugales, dejo de mirar a mi pareja como la causa del problema, cuando abandono mis intentos de cambiarla, y, sobre todo, cuando *educo mis sentidos* para verla como una buena persona que, a veces, se equivoca.


En este punto ¡atención!, nos encontramos con otra diferencia básica entre las parejas felices y las infelices. En el caso de las parejas felices, marido y mujer discuten bajo la premisa de que el otro es una buena persona que, ocasionalmente, hace algo malo. Las infelices, por el contrario, discuten bajo la premisa de que el otro es una mala persona que, ocasionalmente, hace algo bueno. ¡Vaya diferencia! Cuando una pareja pelea bajo la premisa de que ambos son buenas personas que de vez en cuando hacen cosas malas, hay esperanza. Si la premisa es la opuesta, ¡sálvese quien pueda!


Continuará en el próximo artículo...


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