¿Quiere que su matrimonio mejore?


* Deje de culpar a su cónyuge por lo malo que sucede en su matrimonio.

* Basta de responsabilizar a su cónyuge por sus enojos.

* Abandone los intentos por cambiar a su cónyuge.

* Acepte a su pareja tal como es.

* Y sobre todo, ¡cambie usted!

"Por qué debo ser yo quien cambie? ¿No somos dos acasos?", preguntará alguien. Cierto, pero uno de los dos debe comenzar.


Los resultados no se harán esperar. Cuando doy, recibo. Ya lo dice la escritura: "Es más bienaventurado dar que recibir" (Hechos 20:35).

¿Y cómo puedo cambiar? usted se preguntará. Muy bien ¡Quiere sr más atento con su cónyuge? ¿Más cariñosa? ¿Más comprensivo? menos criticona? menos indiferente? La mejor estrategia para lograr un cambio significativo de conducta consiste en comenzar a practicar precisamente eso que quiere llegar a ser. Uno de los hallazgos mejor documentados en el campo de la psicología es que, no solo mis actitudes afectan mi conducta, sino que mi conducta también afecta mis actitudes. Lo que pienso afecta lo que hago, y lo que hago afecta lo que pienso, y lo que siento.


¿Por dónde comenzar?


En su libro Principios y valores para la familia de éxito, Ellen G. White, recomienda una "receta" con tres ingredientes:


"Ame cada uno a su cónyuge antes de exigir que el otro lo quiera. Cultive lo más noble que haya en sí y manifiéstese dispuesto a reconocer las buenas cualidades del otro.

El saberse apreciado es un admirable estímulo y motivo de afianzamiento de la autoestima... Son las pequeñas atenciones, los numerosos incidentes cotidianos y las sencillas cortesías, la suma de la felicidad en la vida".


Así pues, comience ¡ahora mismo! Sea cariñoso. Deje a un lado la crítica. Pase más tiempo con su pareja. Su cónyuge lo va a disfrutar desde el primer momento, y su respuesta positiva no se hará esperar. En cuanto a usted, puede que no lo disfrute al principio. Pero hágalo. No se preocupe si no siente deseos. Como en el caso de la mujer de la historia, en el artículo anterior, que quería divorciarse, hágalo, aunque no lo sienta. Lo importante es comenzar, y seguir, y seguir. "Actúa como si alguien te gusta", escribe David Myers, "y pronto te gustará". Los resultados no se harán esperar. En menos tiempo del que imagina, en su matrimonio ya no habrá sospechosos, y por supuesto, ¡ningún culpable!

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