¿Dónde construyes tus sueños?


Ana quedo paralizada. Al principio pensó que se trataba de una broma. Joaquín siempre había sido juguetón, bromista, pero al notar sus ojos sin expresión y oír sus palabras lapidadoras, todos sus planes y proyectos se derrumbaron.


¿Se acabó? Dos palabras habían hecho añicos un castillo de sueños. Ana no quería aceptarlo, pero la realidad parecía una hiena hambrienta pronta a devorarla. Faltaba solo una semana para la boda, y ahora el noviazgo de dos años había terminado. Ya no deseaba seguir viviendo.


¿A dónde vas en momentos como este? ¿Qué haces en tales circunstancias? Ana estuvo muerta en vida durante cinco largos meses. Todos los días veía el sol nacer y agonizar desde su ventana, con la ilusión de que Joaquín apareciera y le pidiera de nuevo que se casara con él. ¿Por qué nos aferramos a un pasado que ya no existe? ¿Cómo liberarnos de las muletas? ¿En las que nos apoyamos para procurar ser felices? La respuesta llego una tarde plomiza cuando escucho una tonada que decía: “A la cruz de Cristo voy, débil, pobre y ciego soy, mis riquezas nada son, necesito salvación”.


Esa melodía la atrajo. Salió de su casa y se dirigió a la de una vecina. La puerta estaba entreabierta y Ana escucho “yo confío en ti Señor, mi bendito Salvador, y me postro ante tus pies, salva, oh sálvame, Jesús”.


De pronto Ana se vio de rodillas. Llorando. Ese fue el comienzo de una nueva historia. Un joven leyó en voz alta el siguiente texto: “Cualquiera pues, que me oye estas palabras, y las hace, le comparare a un hombre prudente, que edifico su casa sobre la roca. descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos y golpearon contra aquella casa; y no cayo, porque estaba fundada sobre la roca. Pero cualquiera que me oye estas palabras y no las hace, le comparare a un hombre insensato, que edifico su casa sobre la arena, y descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y dieron con ímpetu contra aquella casa; y cayo, y fue grande su ruina”. (Mateo 7:24-27). Laura entendió que la única forma de reconstruir sus sueños era en Cristo. ¿Dónde construyes tu vida? ¿En la arena de las promesas humanas o en la Roca de los siglos? Recuerda que cuando todo falla, Jesús aun quiere ayudarte.


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