Decide ser próspero


Estas dos frases eran muy comunes en mi casa cuando yo era niño: “No hay dinero”; “Está muy caro”. Quizá las hayas escuchado también. A continuación, vamos a reflexionar sobre tres principios bíblicos que siguen aquellos que quieren ser prósperos.


1. Piense en ahorrar, no en ganar pronto. La mayoría de los ricos lo lograron con esfuerzo.

Dedicación y tiempo. De la noche a la mañana, “en veinte cortos años”, llegaron a ser ricos. Esto contrasta con muchos que quieren hacerse de dinero rápido.


Hace poco leí un artículo acerca de los ganadores de lotería. Tú pensarías que estas personas que se acostaron pobres y se levantaron ricos estarían gozando de la abundancia, pero en la mayoría de los casos sucedió lo contrario. Muchos de los ganadores en menos de cinco años tenían la misma cantidad de dinero que antes de que ganaran el premio, pero ahora con la pérdida de relaciones significativas.


La clave está en ahorrar. No se puede tener todo lo que vemos. Este hábito comienza cuando somos pequeños, cuando exigimos que nuestros padres nos compren el juguete, o los zapatos o el dulce que deseamos. No importa cuán grande sea nuestro deseo por tener “esa” cosa, después de algún tiempo pierde su atractivo y procuramos conseguir otra. Recuerda: “No sólo porque está en oferta quiere decir que tienes que comprarlo”


Una persona inteligente comienza a comprar estratégicamente. Isaac, un personaje bíblico, llegó a ser muy próspero: “Así Isaac fue acumulando riquezas, hasta que llegó a ser muy rico” (Génesis 26:13, énfasis agregado).


Esperamos que te suceda lo mismo: ¡Empieza a ahorrar!


2. Piensa en desarrollar tus habilidades, no en quedarte estancado.

Dios te creó con materia prima, como un diamante que mientas más es pulido, más valioso se torna. Depende de ti ahora tomar esa vida que Dios te dio y desarrollar tus destrezas para ser lo más efectivo que puedas en el uso de tus talentos. Salomón lo tenía bien claro cuando escribió: “Las manos ociosas conducen a la pobreza, las manos hábiles atraen riquezas” (Proverbios 10:4)


¿Notaste lo que dice? Mientras más hábiles, más prósperos. Alguien le preguntó a una celebridad si creía en la suerte. Él contestó: “Sí, creo en la suerte. Mientras más me preparo y me esfuerzo, más suerte tengo”. Hay una conexión directa entre el desarrollo de las habilidades y la prosperidad. Además de todo lo que puedas hacer. Si has recibido el amor de Dios en tu corazón, tienes su ayuda de manera especial. Esa es una ventaja que no todo el mundo tiene. Por eso otra vez Salomón nos recuerda que “la bendición del Señor trae riquezas, y nada se gana con preocuparse” (Proverbios 10:22).


3. Piensa en gastar en cosas necesarias primero, no en antojos o en lujos.

Ciertas cosas que parecen necesarias, como un auto o un teléfono celular, una gran parte del resto de la humanidad las considera un lujo. Si vives en un país industrializado como los Estados Unidos, estas entre el dos por ciento de los mas ricos del mundo. En ese contexto de prosperidad general te conviene utilizar la sabiduría que Dios te dio para distinguir entre las siguientes cosas:

  1. ¿Qué es esencial? ¿Qué es un antojo?

  2. ¿Qué es una necesidad? ¿Qué es un deseo?

  3. ¿Qué es imprescindible? ¿Qué es un lujo?

Una pregunta clave es: ¿De qué estás dispuesto a prescindir para alcanzar tus metas financieras? Una vez aconsejaba a una madre que tenía problemas financieros, pero que no estaba dispuesta a cancelar los teléfonos celulares de sus hijos. Otra pareja invirtió en televisores HD pero no en la educación de sus hijos.


Hace algún tiempo, mi esposa y yo tuvimos un recorte de salario. Esto nos indujo a repasar nuestros gastos mensuales para ver donde podíamos cortar. Nos dimos cuenta de que, en el teléfono de la casa, el cable y la internet estábamos gastando doscientos dólares cada mes. Cortamos los tres. Usamos el teléfono celular y vimos películas en vez de televisión. Cuando mis hijos supieron que no iban a tener servicio de cable durante un tiempo, casi les da un infarto. Hoy me alegra decir que sobrevivieron. Encontramos otras maneras más productivas de pasar el tiempo, como leer un libro o jugar afuera, y nadie se muró. Lo que nos enseñó ese tiempo de austeridad es que se puede vivir sin ciertas comodidades.


La persona sabia discierne entre las cosas que son realmente importantes y las que tenemos porque la sociedad dice que así debe ser, o porque todos la tienen.


Tú puedes prosperar. La pregunta es si estás dispuesto a hacer los sacrificios de tiempo, esfuerzo y recortes para alcanzarlo. Todo comienza con una decisión. Repite estas palabras con frecuencia: “Yo decido ser prosperado”


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