Como fomentar la paz en el hogar


Si queremos que haya paz en la sociedad, debemos fomentar la paz en nuestros hogares, pero ¿Cómo podemos lograr esa paz y esa armonía en nuestra familia? He aquí unas recomendaciones:


1. Hablar bondadosamente.

La cortesía y la bondad generan el ambiente propicio para la armonía.


2. Reunirse con regularidad.

Reúnanse para comer, para estudiar la Biblia y orar, o solo para pasar tiempo juntos. ¡Disfruten esos momentos!


3. Reír con espontaneidad.

Bromeen y jueguen juntos. Alivien las cargas de los demás con una buena carcajada.


4. Trabajar gustosamente.

Siempre hay algo por hacer. ¿por qué no tornar esto en un momento de compañerismo? “Haced todo

sin murmuraciones y contiendas” (Filipenses 2:14).


5. Dar generosamente.

Compartan sus posesiones, su tiempo, su cariño. Abundan en el hogar las oportunidades de prodigarnos.


6. Perdonar de inmediato.

No alimenten rencores. Pasen por alto las ofensas y continúen con su relación amorosa. “No hay paz sin justicia, no hay justicia sin perdón” La paz es la condición para el desarrollo, pero una verdadera paz es posible sólo por el perdón”. Esto incluye el perdonarse a sí mismo las faltas pasadas, el sentimiento de culpa quita la paz.


7. Abrazar libremente.

Abrace a su cónyuge y a sus familiares con frecuencia.


8. Orar frecuentemente.

Rueguen a Dios que traiga la paz a su hogar. Pídanle sabiduría ante los problemas y desafíos, y aun cuando todo marche bien. Si esto es un asunto diario es posible obtener la paz de Dios.


9. Decir frases de afirmación.

Dígales y demuéstreles a sus amados que usted los apoya desinteresadamente en todo lo bueno que emprenden. Todos necesitamos reconocimiento y aceptación.


10. Amar.

El amor es la fuerza más poderosa del hogar. “Ante todo, tened entre vosotros ferviente amor: porque el amor cubrirá multitud de pecados” (1Pedro 4:8)


Si hacemos esto, el hogar, el primer ladrillo del edificio de la sociedad, será firme. Y si muchos hogares lo hacen, la sociedad será firme también. Esto no es algo superfluo, es el primer factor de bienestar y progreso. Sobre la paz puede edificarse todo. La paz y el amor son las más grandes posesiones que nos otorga Dios. Es tan poderosa la paz que podemos disfrutarla, aunque las circunstancias sean adversas. Pero también es cierto que podemos habitar una mansión llena de cosas útiles y superfluas y no tener paz. Todo depende de nuestra actitud hacia Jesús, quien otorga la paz.


A esto vino al mudo. Él dijo: “Venid a mi todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar” (Mateo 11:28). Aclaró que su paz es diferente a la del mundo, y nos la dio en herencia: “La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo” (Juan 14:27)


La paz y el descanso de Jesús no vienen solos, vienen con él. Esta es la paz personal. Y la paz con los demás no sucede por casualidad. No podemos eludir la ley que dice: “Todo lo que el hombre sembrare, eso también segará” (Gálatas 6:7)


Es necesario permitirle al Espíritu de Dios que siembre la paz en nuestras relaciones. El dice: “Estoy plantando semillas de paz y prosperidad entre ustedes” (Zacarias 8:12) Permitamos al Espíritu Santo que plante las semillas de paz en nosotros mediante el estudio de su Palabra, y sigamos los diez pasos recomendados. Entonces podremos ofrecer al mundo el poder de un hogar centrado en Cristo, donde se honran los votos matrimoniales, el amor florece, reina la paz.


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