¿Qué sería de nosotros?


La noche envuelve a la tierra con su manto de sombras. Siempre es así. Se arrastra el día hacia el horizonte, llevando en sus alas sueños que no se realizaron, esperanzas frustradas, planes que se quedaron en proyectos. Y llega la noche, trayendo en sus sombras la tristeza de ser sin haber sido; el dolor de existir sin propósito, de pasar por la vida deambulando en busca de un poco de paz.


Para millones de seres humanos la vida es apenas eso: la búsqueda incansable de un horizonte que no aparece. Por lo menos para Juan José, el costarricense que un día conocí en Laredo, la vida era apenas la experiencia dolorosa de vivir sin esperanza. Hasta que un día se encontró con Jesucristo y todo cambió. Porque Jesús le dijo: “Yo soy el camino” (Juan 14:6); y cuando Juan José levantó los ojos, vio al maestro con los brazos abiertos en forma de cruz, diciéndole: “Venid a mi todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas; porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga” (Mateo 11:28-30).


¡Descanso para el alma! Juan José había corrido toda su vida en busca de un poco de descanso para el alma. Salió de su país cuando tenía solo dieciséis años, y desde aquel día había corrido como un loco, de ciudad en ciudad, de puerto en puerto, de país en país, hasta terminar en Laredo, cansado, con 65 años de edad, resignado a desaparecer en el anonimato y el desencanto.

Pero una noche, derrotado, sin ganas de vivir, caminaba por una acera con las manos en los bolsillos, cuando llegó a sus oídos una canción que decía: ¿Qué sería de mi si no me hubieras alcanzado? ¿Dónde estaría hoy si no me hubieras perdonad? Tendría un vacío en mi corazón. Vagaría sin rumbo, sin dirección si no fuera por tu gracia y por tu amor.

Juan José se dejó llevar por la melodía y por la letra de aquella canción, y cuando se dio cuenta, se encontraba dentro de una iglesia, con el corazón conmovido y las lágrimas rodando por sus mejillas.


Ese fue el comienzo de una nueva experiencia. En medio de su noche existencial brilló el sol de un nuevo día. Por las rendijas oscuras de su alma entró un rayo de luz trayendo esperanza a su corazón y deseos de vivir una vida que hasta aquel momento no había conocido.


Juan José es la típica persona que puede decir con convicción: “Cuando todo parece perdido desde el punto de vista humano, todavía queda Jesús”. ¿Te gustaría darle a Jesús una oportunidad de iluminar tu vida?


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