Bondad y esperanza



La bondad es un don divino que Jesús desplegó. Se trata de uno de los frutos del Espíritu, que debemos cultivar si queremos sembrar el amor fraternal por donde vamos.


Según estudios realizados por expertos, las personas bondadosas son más sanas y felices que las hostiles y egoístas. Conocí a dos hermanas jubiladas que vivían juntas. Leticia, la mayor, se veía diez años más joven que Aurora. Leticia era bondadosa y caritativa, ayudaba a los necesitados. Su rostro era radiante y gozaba de buena salud. Aurora era hostil y egoísta, peleaba y discutía por cualquier motivo, y criticaba a su hermana por gastar su dinero en gente que no conocía. Y siempre se quejaba de malestar de estómago y dolor de cabeza. Su semblante reflejaba amargura y hostilidad.


Jesús reprendió a una higuera porque, llena de hojas, parecía tener frutos, pero carecía de higos. La higuera se secó. “Y viendo de lejos una higuera que tenía hojas, fue a ver si tal vez hallaba en ella algo; pero cuando llego a ella, nada halló sino hojas, pues no era tiempo de higos. Entonces Jesús dijo a la higuera: Nunca jamás coma nadie fruto de ti” (Marcos 11:13,14). Este relato nos enseña una valiosa lección: si queremos tener vida en abundancia y ser bendición para los hambrientos de amor, practiquemos la bondad, y cosecharemos mucho más de lo que sembramos.


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