El arte de la comunicación


Una semana después del nacimiento de nuestra hija Lauren, mi esposa Bonnie y yo estábamos exhaustos. Lauren nos despertaba todas las noches. Bonnie se había desgarrado en el parto y estaba tomando calmantes. Apenas podía caminar. Después de quedarme en casa durante cinco días para ayudar, volví al trabajo. Ella parecía estar mejorando. En mi ausencia se quedó sin píldoras. En lugar de llamarme, le pidió a uno de mis hermanos, que estaba de visita, que le comprara más, pero él no lo hizo, así que pasó todo el día con dolor, encargándose de la recién nacida. Yo no sabía que su día había sido tan espantoso. Cuando regresé a casa, ella estaba transtornada. Malinterpreté la causa de su aflicción y pensé que me estaba culpando.


-Me sentí adolorida todo el día… me quedé sin píldoras. ¡Estuve varada en la cama y a nadie le importa!-dijo Bonnie, y yo repliqué:- Por qué no me llamaste?

- Le pedí a tu hermano, ¡pero se le olvidó! Lo estuve esperando todo el día. ¿Qué se supone que tengo que hacer? Apenas puedo caminar. ¡Me siento tan abandonada!

En ese momento exploté. Estaba enojado porque no me había llamado.

La causa de esta escena se repite en muchos hogares, este consejo es oportuno: “Todo hombre (y mujer) sea pronto para oír, tardo para hablar, tardo para airarse” (Santiago 1:19)

El texto ofrece tres consejos: 1. Prontos para oír. 2. Tardos para hablar. 3. Tardos para airarse.

Debido a que el orden de estas virtudes no es cerrado, te propongo analizarlas en otra secuencia, aplicarlas a nuestra experiencia, y disfrutar la dicha conyugal y familiar.


  1. “Tardo para hablar”. Uno de los errores de la pareja es que piensan que siempre hay algo que decir, en cada ocasión y en todo momento. John Gray afirma que los hombres ofrecen soluciones y descalifican sentimientos, y las mujeres ofrecen consejos e instrucciones no solicitados. Parece fácil hablar, sugerir, recomendar. No descalifico estos valores en el arte de las relaciones, pero reconozco que no siempre son necesarios, y su uso excesivo puede desestabilizar las arterias relacionales de una familia.

  2. “Tardo para airarse”. El hecho de hablar sin parar provoca una reacción de ira o fastidio en el receptor, respuesta que consume el eje de la relación, el diálogo y, con el tiempo, el vínculo.

  3. “Pronto para oir”. Un predicador dijo: “Dios nos creó con dos oidos y una boca para escuchjar el doble de lo que decimos”. ¡Aquí está el secreto del dinámico camino de las relaciones humanas! Aprendemos a escuchar; así construiremos familias equilibradas y relaciones duraderas. Que Dios nos ayude a ser mesuradas para hablar, lentas para airarnos y dispuestas para oir.

Veamos cómo terminó la experiencia de John Gray:

Estaba furioso de que me echara la culpa cuando yo ni siquiera sabía que ella estaba adolorida. Después de intercambiar algunas palabras ásperas, camine hacia la puerta. Me sentía cansado, irritable, no quería seguir escuchando. Habíamos alcanzado el límite. Entonces comenzó a suceder algo que cambiaría mi vida: Bonnie dijo:

  • Detente, por favor, no te vayas. Este e el momento en que más te necesito. Estoy adolorida. Hace días que no duermo. Por favor, escúchame.

Me detuve un instante para escuchar. Ella siguió:

  • ¡John Gray, eres un amigo interesado! Mentras soy la dulce yu afectuosa Bonnie, estás aquí conmigo, pero en cuanto dejo de serlo, te vas por esa puerta.

Hizo una pausa y sus ojoa se llenaron de lágrimas. Su tono cambió y dijo:

  • En este momento esto adolorida. No tengo nada para dar. Ahora es cuando más te necesito. Por favor, acércate y abrázame. No tienes que decir nada. Solo necesito sentir que tus brazos me rodean. Por favor, no te vayas.

Me acerqué y la abracé en silencio. Lloró en mis brazos. Después de unos minutos, me agradeció por haberme quedado. Dijo que solo necesitaba sentir que la abrazaba. En ese momento tomé conciencia del significado del amor, del amor incondicional. Siempre pensé que yo era afectuoso. Pero ella tenía razón. Había sido un amigo interesado. Solo si ella se mostraba feliz y agradable, yo demostraba amor. Pero si ella no estaba feliz o estaba enojada, me sentía agredido, discutía o me alejaba.

Esa fue la primera vez que no la abandoné. Me quedé y eso fue muy bueno. Pude brindarme a ella cuando realmente lo necesitaba. Parecía amor verdadero: preocuparse por el otro. Confiar en nuestro amor. Estar ahí en el momento en que ella lo necesitaba. Me maravillé de lo fácil que me resultaba apoyarla cuando se me mostraba el camino. ¿Cómo no había podido verlo? Ella solo necesitaba que me acercara y la abrazara. Otra mujer hubiera sabido en forma instintiva lo que necesitaba Bonnie. Pero como hombre, no sabía que el hecho de tocarla, abrazarla y escucharla era algo muy importante para ella. Al reconoce estas diferencias, comencé a aprender una nueva manera de relacionarme con mi esposa. Nunca hubiera creído que podíamos resolver el conflicto tan fácilmente.

No hablar, escuchar y no airarse. ¡Esta fórmula funciona!

Experiencia extraida de los hombres sonde Marte, las mujeres son de Venus.pp15-17 de John Gray

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