Suplico tu presencia


Tu presencia supliqué de todo corazón, ten misericordia de mi según tu palabra. Salmo 119:58


El infarto fue casi fatal. El 25 de febrero de 1960, el corazón de Terri Schiavo dejó de latir apenas por unos instantes, lo suficiente para que la sangre dejara de irrigar el cerebro. La consecuencia fue un terrible daño cerebral. En aquel entonces, Terri tenía sólo 26 años. Falleció después de 15 años de sobrevivencia en estado vegetativo. Su caso dio la vuelta al mundo debido a una guerra judicial entre el esposo y los padres de Terri.


Un instante. Fue apenas un instante que la sangre dejó de irrigar el cerebro. Cuando la oxigenación del cerebro se regularizó, ya era tarde. A partir de aquel instante, la vida de Terri cargó con consecuencias funestas. Era una vida “sin vida”, que dio origen a una polémica sobre si valía la pena dejar que un ser humano “viviese” en ese estado.

Así como el cerebro necesita oxígeno, el ser humano necesita a Jesús. Por eso el salmista exclama: “Tu presencia (gracia) supliqué de todo corazón”. Vivimos por la gracia. Existimos por la gracia y somos salvos únicamente por la gracia.


Si la vida es un don de Dios, como en verdad lo es, nada hicimos para merecerla. Un don es un regalo. Tú no pagas por un regalo. Solamente necesitas aceptarlo.


¿Cómo reaccionas ante un regalo? Generalmente, el valor de un regalo para ti va a depender del sentimiento que tienes hacia la persona que te ofrece el presente. ¿Cuál es el tipo de relación que tienes con Dios? Eso es lo que va a determinar tu forma de administrar su regalo.


LA vida es frágil. Hoy es, y mañana puede no ser más. Lo único que sostiene la vida es la gracia maravillosa de Dios. Separados de Dios no vivimos, apenas sobrevivimos, a veces en estado “vegetativo”, esperando que llegue el día en que el corazón deje de latir.


Haz de este día un día de comunión con el Señor de la Vida. No necesitas dejar de lado tus actividades cotidianas. Enfrenta los desafíos que se presentan hoy ante ti con la certeza de que no estás solo. Dios es tu constante fuerza. Él está a tu lado, a pesar de que las circunstancias adversas te hayan envuelto como densas sombras y no te dejen ver nada. Clama: “Tu presencia (gracia) supliqué de todo corazón; ten misericordia de mí según tu palabra”.


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