Preocuparse o contemplar?


Me acordé en la noche de tu nombre, on Jehová, y guardé tu ley. (Salmo 119:55)


Todo salía mal ese día en la vida de Francisco. La turbulencia financiera que el país atravesaba parecía ser la gota de agua que faltaba para que su empresa se fuera al fondo del pozo. En aquella fábrica estaban invertidos todos sus recursos financieros, sus sueños, sus esperanzas, expectativas de vida y años de dedicación y esfuerzo.


Acostado en la cama, aquella noche no podía dormir. Daba vueltas de un lado al otro, tratando de descubrir una salida a la situación, pero solo veía sombras y oscuridad a su alrededor.


Francisco, al igual que nuestra sociedad, ignoraba lo que dice el salmo de hoy: “Me acordé en la noche de tu nombre, oh Jehová”. Parece que las personas prefieren más la preocupación que la contemplación. ¿Cuál es la diferencia? La preocupación concentra tu energía en el problema. La contemplación, te lleva a mirar hacia arriba y ver a Dios. Preocupándote, haces como la persona que se está ahogando en el mar, da brazadas improductivas para todos lados, traga agua y se desespera. Contemplando la grandiosidad divina, comprendes que no todo está perdido, aunque desde el punto de vista humano, parezca que no hay salida.


“Me acordé en la noche de tu nombre, oh Jehová”, exclama David. El nombre por el cual Dios se identifica a sí mismo es: “Yo soy”. El secreto de la vida victoriosa está en saber quién es Dios y quién eres tú. Hay cosas que solo Dios puede hacer, y hay cosas que Dios no hará en tu lugar.


David, como todo ser humano, tuvo que enfrentar problemas. Un joven pastor de ovejas como él, perseguido por los ejércitos del rey, parecía tener un problema sin solución, pero cuando la noche llegaba, en lugar de atormentarse con sus preocupaciones. David contempla a Dios y una paz extraordinaria inundaba su corazón, porque sabía que existían principios establecidos para regir los destinos del universo y de la vida. Davis llamaba a esos principios: “ley”. “Guardé tu ley”, afirma él: ¿puede haber derrota cuando estás dispuesto a seguir las instrucciones divinas? Por eso, hoy debes decir: “Me acordé e la noche de tu nombre, oh Jehová, y guardé tu ley”, y encara sin miedo los desafíos que la vida te presente.


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