La escalera de la infamia


En la iglesia del Santo Sepulcro, en Jerusalén, hay una deslucida y vieja escalera de madera colocada en la ventana superior derecha, sobre la puerta principal de este templo milenario. Aunque no lo creas, ¡La escalera está allí desde 1852!


La situación es difícil de entender. La iglesia del Santo Sepulcro en Jerusalén está bajo la custodia de seis iglesias cristianas: Iglesia Oriental ortodoxa, Apostólica armenia, católica romana, Copta ortodoxa, Etíope ortodoxa y siriaca ortodoxa. El problema es que estas seis denominaciones cristianas se encuentran tan profundamente enemistadas entre sí que, para detener la violencia entre ellas, fue necesario llegar a un acuerdo en 1853. Este pacto coordina estrictamente los tiempos y lugares de reunión para cada comunidad religiosa. Además, establece que las áreas comunes solo pueden ser modificadas con el consentimiento de todas las comunidades religiosas. Cuando se estableció el convenio en 1853, alguien había colocado una escalera en la ventana que está sobre la entrada, un área común, y desde entonces las jerarquías religiosas no han conseguido ponerse de acuerdo para quitarla.


La escalera inmóvil es, sin embargo, lo menos vergonzoso de esa iglesia. En el verano de 2002, cuando un monje movió su silla del lugar acordado para ponerla a la sombra, el acto fue considerado hostil por los monjes etíopes y se desató una enorme pelea que resultó en la hospitalización de once religiosos. Otra pelea que se desató entre griegos ortodoxos y franciscanos durante la celebración de la santa cruz en 2004 hizo que la policía interviniera y arrestara a varios de ellos. La historia de los enfrentamientos continúa, pero me da un poco de vergüenza describirlos.


La situación es profundamente triste para los cristianos. Cristo murió en la cruz para ofrecer perdón a sus enemigos y nos enseñó que, si alguien quiere pelear por nuestra ropa, le dejemos también la capa. (Mateo 5:40). Sin embargo, a los custodios del templo poco les importa pisotear el mensaje de Cristo con el fin de mantener control sobre un pedazo de su tumba que, para más ironía, ¡está vacía porque Jesús resucitó!


Analiza tu vida. ¿Existen algunas “escaleras” que debes quitar? ¿Tú también peleas furiosamente por el control de una tumba vacía? ¿No crees que a veces es mejor renunciar a lo tuyo (como Jesús hizo) para honrar a tu Salvador?


Si alguien te pone pleito para quitarte la capa, déjale también la camisa (Mateo 5:40)


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