¿Casualidad, Coincidencia o Designio?


Un hombre dispara su arco a la ventura, mata a un rey y gana una batalla. ¿Habrá sido una casualidad? ¿O se trató de un designio de Dios? En realidad, Dios ya había decretado la muerte del monarca hebreo (1 Rey. 22:17,23). Sencillamente, decidió ejecutar en aquel modo su decreto de justicia. Nadie, y menos un rey de Israel, muere por casualidad, porque a un soldado se le ocurre lanzar una flecha al aire. Ni siquiera un humilde gorrión muere sin que lo sepa el Autor de la vida, mucho menos el monarca de Israel.


¿Qué piensas tú? Este extraordinario acontecimiento, ¿Fue casualidad o designio? En 1837, en Detroit, Michigan, Estados Unidos, un hombre llamado Joseph Figlock barría las calles. De pronto, un bebe cayó desde una ventana justo encima de él y ambos quedaron lastimados. Sin embargo, los dos lograron sobrevivir. Hasta aquí las cosas todavía se mantenían dentro del reino de la normalidad. Pero un año después, el 15 de octubre de 1938, David Thomas cayo de una ventana de un cuarto piso, sobre el mismo señor Figlock, quien trabajaba en la zona. Una vez más, ambos sobrevivieron al incidente.


¿Casualidad o designio? No podemos saberlo, por supuesto. Pero, si tenemos en cuenta el valor que Dios concede a la vida de uno de sus hijos, y que a ninguno de ellos se le cae ni un solo cabello de su cabeza sin que él lo sepa, podemos proclamar nuestra confianza en que no hay casualidades cuando se trata de la salvación de una vida humana. Dios siempre está pendiente de nuestra vida y nuestro bienestar, utiliza su providencia, su sabiduría y su poder a discreción para cumplir sus designios.


¡Cuánta confianza debemos tener en la providencia y sabiduría de Dios! Nuestra vida está segura en sus manos. Él sabe con exactitud dónde nos encontramos en todo momento y la mejor manera de asegurar nuestra vida y nuestro bienestar. No se puede esperar menos de un Padre amante. Confía plenamente en el mientras cumples hoy tus deberes cotidianos.


Sin embargo, alguien disparo su arco al azar e hirió al rey de Israel entre las piezas de su armadura. El rey le ordeno al que conducía su carro: “Da la vuelta y sácame del campo de batalla, pues me han herido” (1 Reyes 22:34).


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