De balonazos y ofensas verbales


Uno de los objetivos de nuestro Señor al venir al mundo fue “magnificar la ley y engrandecerla”, darle su verdadero significado. Es decir, sancionar las palabras, los deseos, las intenciones y la imaginación.


En una ocasión la futbolista Tabea Kemme, del Turbine Potsdam, arrojo un balón al rostro de Kerstln Garefreke, del Frankfurt. La atacante del Turbine Potsdam había hecho un intento de saque de banda, pero Kerstin Garefreke se lo impidió. Tabea Kemme perdió el control y golpeo a Kerstin con el balón en el rostro.


La Federación Alemana de Fútbol decidió dar un castigo ejemplar a la atacante Tabea Kimme: la suspendieron cuatro partidos. La Federación considero aquel acto como una conducta antideportiva grave por lo que, además, razono que la campeona del Mundial femenino Sub 20 actuó con toda la intención de agredir a su oponente, situación por la que se mostraron inflexibles con la sanción. Pero Tabea Kemme no fue la única castigada. También fue suspendido el técnico Sven Kohlberg, quien fue sancionado con un partido por haber empujado a la joven de 18 años tras la agresión sobre su jugadora. Las autoridades del fútbol se muestran muy severas en las sanciones aplicadas por ciertas violaciones al reglamento.


Si no lo hicieran así, cada partido se convertiría en una batalla campal y, de hecho, el fútbol no existiría.


Pero Dios no mantiene la paz en las relaciones entre sus hijos mediante reglas y sanciones. Va mucho más allá. Estableció un principio de conducta infalible: el amor. En el reino de los cielos, el amor no es una regla de conducta, sino un principio que hace buenas todas las acciones desde su mismo origen.


El amor no permite al cristiano que ofenda de ninguna forma a su hermano: ni con actos, ni con palabras, ni con el pensamiento. En el reino de los cielos, el que odia a su hermano, ya es homicida: ha violado las leyes del reino de Dios. No amar al hermano es permanecer en el reino de la muerte. Amarlo, es pasar al reino de la vida (Juan 5:24)


Pero yo les digo que todo el que se enoje con su hermano quedara sujeto al juicio del tribunal. Es más, cualquiera que insulte a su hermano quedara sujeto al juicio del Consejo. Pero cualquiera que lo maldiga quedara sujeto al juicio del infierno (Mateo 5:22)

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