El regreso del hijo pródigo


La historia del hijo prodigo es verdaderamente aleccionadora. Algo similar sucedió 1955, cuando un pelícano, exhausto por su largo viaje migratorio, hizo una escala imprevista en la isla Mikonos, en el mar Egeo. La visita cambio la historia reciente de esa pequeña isla.


Debido a su situación, la enorme ave era incapaz de pescar por sí misma, de modo que los pescadores locales, compadecidos, la llevaron a la casa de Teodoro, quien amaba a los animales silvestres de todo tipo. El pelicano fue agregado a la colección de Teodoro, que ya incluía otras aves y una foca. Teodoro escogió el nombre de Pedro para el pelicano, porque recordaba a otro héroe de la misma isla que también se llamaba así.


Pronto Pedro se convirtió en la mascota de la isla. Todos lo mimaban, le daban pescado o le abrían los grifos para que tomara agua. Los lugareños comenzaron a decir que tal vez Pedro era el inicio de un buen augurio de prosperidad. El pelicano creció vigoroso en una isla donde era muy apreciado.


Cierto día de primavera Pedro desapareció. Los isleños estaban de duelo. Pero pronto llego la noticia de que Pedro había sido encontrado en la cercana isla de Tenos. Todos se pusieron muy contentos, pero los habitantes de Tenos no quisieron devolver a Pedro, lo cual produjo una tremenda indignación.


-¿Cómo se atreven a retener a nuestro pelicano? -protestaron airadamente los de Mikonos. -Pedro abandono Mikonos y escogió nuestra isla -dijeron los hombres de Tenos.

El litigio fue conocido como “la guerra del pelicano”. Finalmente el gobernador regional soluciono el problema ordenando que Pedro fuese devuelto a Mikonos. Los 36.000 habitantes fueron al puerto a recibir al pelicano. Mientras Pedro descendía solemnemente del barco, las campanas de la iglesia repicaban sin parar.


Interesante, ¿verdad? ¿No ilustra esto la alegría del regreso del hijo prodigo? ¿Y no dice algo de la alegría que hay en el cielo por un pecador que se arrepiente? Independientemente de las ilustraciones interesantes que nos ofrece la vida y que dan cierto atractivo a las lecturas matinales diarias. Dios mismo se goza cuando nos volvemos a él, aceptando su gracia. ¡Ven, no tardes más! Te espera con los brazos abiertos



Así que emprendió el viaje y se fue a su padre. Todavía estaba lejos cuando su padre lo vio y se compadeció de él; salió corriendo a su encuentro, lo abrazo y lo beso (Lucas 15:20).

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