¿Qué hacer?


No reprendas al escarnecedor, para que no te aborrezca; corrige al sabio, y te amará. Prov. 9:8


“Qué hacer con el hijo rebelde que no respeta a los padres y menosprecia sus consejos? ¿Cómo comenzar una conversación con alguien que no quiere oír? ¿Qué tipo de ayuda se le puede dar a un escarnecedor?


El consejo bíblico de hoy es contundente: “No lo reprendas”. ” Déjalo seguir su camino”: Pero, ¿no dice la Biblia que Dios está siempre llamando y esperando el regreso del hijo rebelde?


La razón por la cual Salomón aconseja no reprender al escarnecedor es que el escarnecedor perdió la noción de lo que está bien y de lo que está mal. El verbo reprender, Yakai en hebreo, da la idea de un juicio de valores. Literalmente, Salomón está afirmando: “No le digas al escarnecedor que está bien y que está mal”, porque no tiene ya la capacidad para distinguir entre el bien y el mal. ¿Cómo puede un hombre que perdió el paladar saber lo que es dulce o lo que es salado?


Llega un punto en que ayudar al escarnecedor solo causa problemas. La persona que no quiere oír y reacciona con agresividad o indiferencia. En esos casos el mejor camino es la oración. La oración nunca falla. Mientras tú oras, Dios continúa trabajando en el corazón del pecador impenitente.


Un día, Jesús dijo: “No deis lo santo a los perros, ni echéis vuestras perlas delante de los cerdos, no sea que las pisoteen, y se vuelvan y os despedacen”.

Jesús estaba afirmando el consejo de Salomón. Insistir en ayudar a alguien que no quiere ser ayudado, es correr el riesgo de acabar lastimado. Todos salen perdiendo.


¿Qué se puede hacer por el ser amado que no quiere oir consejos? Apenas amarlo. Mostrarle que tú estás de su lado. Puede no concordar con tu manera de pensar y de actuar, pero tú estás presente, listo para extenderle la mano en la hora que lo necesite.


Amar en silencio es la mejor manera de conquistar un corazón rebelde. Nadie resiste el argumento del amor. Las palabras hacen mucho ruido y dicen poca cosa. El amor es como la espada afilada, que penetra el alma.


Haz del día de hoy un día de amor y de comprensión. Haz de este día también un día de oración intercesora. Pon delante de Dios el nombre de alguna persona que amas y que no se deja ayudar, pero no olvides el consejo: “No reprendas al escarnecedor, para que no te aborrezca, corrige al sabio, y te amará”.



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