La importancia de la disciplina en la vida de un niño 2




Hoy continuaremos con nuestro tema acerca de la importancia de disciplinar a los niños.


La disciplina prepara al niño para una buena convivencia

En segundo lugar, la disciplina prepara al niño para que pueda convivir mejor con otras personas. O sea, el niño debe ser disciplinado porque eso facilita la convivencia social. En este sentido:

Una de las primeras lecciones que necesita aprender el niño es la obediencia. Se le debe enseñar a obedecer antes que tenga edad suficiente para razonar. El hábito debería establecerse mediante un esfuerzo suave y persistente. De ese modo se pueden evitar, en extenso grado, esos conflictos posteriores entre la voluntad y la autoridad que tanto influyen para crear desapego y amargura hacia los padres y maestros, y con demasiada frecuencia resistencia a toda autoridad, humana y divina.

Al hablar sobre los objetivos de la disciplina en el contexto escolar, Imídeo Nérici afirma que posibilitar una convivencia social positiva, con el mínimo posible de molestias, en un ambiente de cooperación y altruismo, es una de las metas a ser alcanzadas por la disciplina.[8] Y como sabemos que “no se puede vivir con otras personas sin normas comunes”, [9] es, entonces, importante respetar las reglas en el proceso de socialización. Con relación a esto, Victoria Camps, catedrática de Filosofía Moral de la Universidad Autónoma de Barcelona, afirma:

La finalidad de las normas es el autodominio, el hecho de que las normas sean interiorizadas y sea el sujeto mismo quien se las imponga a sí mismo. A eso le damos el nombre de “libertad”, que no es la ausencia de normas, sino la aceptación autónoma y libre de lo que se debe hacer.

En síntesis, convivir con otros exige vivir de manera organizada, no solo por una cuestión de orden, sino también para sentirse seguro entre otros y saber a qué atenerse. Y aunque la libertad no sea un absoluto, “no podría darse si carecemos de restricciones, que son lo que la hacen posible”.


Un niño indisciplinado no sabe usar su libertad

Un tercer aspecto es que un niño indisciplinado (que vive sin restricciones) no sabe usar su libertad. O sea, la disciplina colabora en el aprendizaje del uso de la libertad. El niño disciplinado aprende a admitir las restricciones que otros le imponen y, como consecuencia, puede disfrutar más de su propia libertad. Preste atención a la siguiente cita:

No habiendo aprendido jamás a gobernarse, el joven no reconoce otra sujeción fuera de la impuesta por sus padres o su maestro. Desaparecida ésta, no sabe cómo usar su libertad, y a menudo se entrega a excesos que dan como resultado la ruina.

Un resultado del mal uso de la libertad es el riesgo de ser esclavizado por los malos hábitos. La disciplina posibilita que el niño viva lejos de los hábitos destructivos y se someta a las orientaciones de las leyes de Dios:

El mayor mal que se le puede hacer a un joven o a un niño es el de permitirle que se someta a la esclavitud de un hábito malo. Los jóvenes poseen un amor innato a la libertad: La desean. Y necesitan comprender que la única manera de gozar esa bendición inestimable consiste en obedecer la ley de Dios. Esa ley preserva la verdadera libertad. Señala y prohíbe lo que degrada y esclaviza, y de ese modo proporciona al obediente protección contra el poder del mal.


Como padres, necesitamos tener la firmeza para disciplinar a nuestros hijos, ellos lo agradecerán más adelante y nosotros disfrutaremos de verlos siendo adultos saludables emocionalmente y con propósitos claros para su vida.


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