Perseverancia


A finales de la década de 1980 y durante gran parte de los noventa era muy común escuchar al narrador de la NBA decir: “Y ahora, desde Carolina del Norte, midiendo 1.98, su majestad del aire, ¡Michael Jeffrey Jordán!” Entonces Jordán entraba a la duela con el número 23 en su camiseta. Jordán es considerado el mejor deportista del siglo XX. Fue seis veces campeón de la NBA, seis veces jugador más valioso de las finales, participó catorce veces en el juego de las estrellas, ganó en cinco ocasiones el título Jugador Más Valioso de la temporada y ganó dos medallas de oro en las olimpiadas.

Aunque no lo creas, si hay alguien que también conoció el fracaso ese es Jordán. En el artículo anterior te conté que cuando tenía quince años lo descartaron del equipo de baloncesto porque, comparado con su estatura (1.80 metros), era “débil y frágil”. ¿Cómo superó Jordán ese impedimento y se convirtió en la superestrella que todos admiramos? Perseverando. Una de sus frases célebres reza: “He fallado una y otra vez en mi vida y por eso triunfé”.

La perseverancia de Jordán es casi legendaria. Se dice que cada día lanzaba dos mil tiros en su cancha personal. En la postemporada de 1996-1997, los Bulls de Chicago se enfrentaban a los Jazz de Utah, en el quinto juego de una serie de siete. La serie estaba empatada a dos. Jordán jugó 44 de los 48 minutos del partido, ¡pero lo hizo con fiebre! Y aun así anotó 38 puntos y le dio la victoria a su equipo. Finalmente ganaron toda la serie. Una de sus frases más famosas pone de manifiesto su filosofía de vida: “Algunas personas quieren que algo ocurra, otras sueñan con que ocurra, otras hacen que suceda”. Sin duda alguna, él es de los que hacen que las cosas sucedan.

La perseverancia de “su majestad del aire” lo llevó a la cima; él no se rendía, siempre se mantenía en la cancha dando lo mejor de sí hasta el último segundo del juego. Es mi deseo que tú también perseveres en tu trabajo, en tus estudios, en tus relaciones interpersonales, y sobre todo en tu relación con Dios, no olvides que “el que persevere hasta el fin, este será salvo” (Mateo 24:13, RV95).

“Ustedes necesitan perseverar para que […] reciban lo que él ha prometido” (Hebreos 10:36, NVI).

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