No somos de aquí


Un día los asirios, dirigidos por Nabucodonosor, llegaron a Jerusalén. Destruyeron todo y llevaron prisioneros a los hijos de Israel.

Los años del exilio fueron tristes. Lejos de la casa, de la familia y de los amigos, los exiliados solo tenían dos opciones: olvidar definitivamente a Israel o vivir en Babilonia, con los ojos fijos en Sion, abrigando el sueño de retornar un día al hogar.


Un día también, el enemigo de Dios llegó hasta la raza humana y destruyó sus sueños, sus valores y principios y la llevó esclava a su reino, para servir en su palacio.


La historia de Israel es un símbolo de la historia humana. Al igual que los israelitas de antaño, estamos hoy lejos del verdadero hoar. Este mundo está lleno de tristeza y angustia, consecuencias naturales de la entrada del pecado. Este no es nuestro hogar. Somos extranjeros y peregrinos y vivimos en un mundo al cual Jesús se refirió, diciendo: "Mi reino no es de este mundo".


El salmista dice que, mientras los hijos de Israel vivían en Babilonia, se sentaban frecuentemente a las márgenes de os ríos y lloraban con nostalgia, acordándose de Sion, el santo monte, símbolo del gobierno de Dios.


El peligro que corremos hoy es olvidar que este mundo no es nuestro hogar definitivo. Estamos aquí solo peregrinando, por fuerza de las circunstancias, rumbo a la casa del Padre. Somos extranjeros en un país que no es el nuestro.


El hecho de que estemos viviendo en este mundo nos puede levar a contemplar las cosas de esta tierra durante más tiempo que el necesario. Echar raíces profundas es un riesgo. Recordar quiénes somos y de dónde venimos, nos ayuda a determinar nuestras elecciones y prioridades.


Es verdad que necesitamos sobrevivir. Trabajar, estudiar, construir una casa para vivir y educar a los hijos. Todo eso forma parte de nuestra existencia. No podemos olvidar esas responsabilidades, pero hasta qué punto todo eso nos está haciendo que nos olvidemos de Sion?


Acude hoy a cumplir tus deberes y actividades pensando en la experiencia de Israel, expresada por el salmista: "Junto a los ríos deBabilonia, allí nos sentábamos, y aun llorábamos, acordándonos de Sion".


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