La importancia de la disciplina en la vida de un niño 3



Y terminamos con esta serie acerca de este tema tan importante de la disciplina para la vida de un niño.


La disciplina ayuda a enfrentar la vida

La disciplina es importante porque ayuda al niño a enfrentar los problemas que trae la vida. Un niño disciplinado está siendo preparado para una seria e inexorable realidad que enfrentará a lo largo de su existencia: la vida le impondrá disciplina severa y si el niño aprende eso en la infancia, no tendrá dificultades para vivir una vida adulta responsable. En ese sentido, creo que es significativa la siguiente declaración:

Después de la disciplina del hogar y la escuela, todos tienen que hacer frente a la severa disciplina de la vida. La forma de hacerlo sabiamente constituye una lección que debería explicarse a todo niño y joven. Es cierto que Dios nos ama, que obra para nuestra felicidad y que si siempre se hubiese obedecido su ley nunca habríamos conocido el sufrimiento; y no menos cierto es que, en este mundo, toda vida tiene que sobrellevar sufrimientos, penas y preocupaciones como resultado del pecado. Podemos hacer a los niños y jóvenes un bien duradero si les enseñamos a afrontar valerosamente esas penas y preocupaciones. Aunque les debemos manifestar simpatía, jamás debería ser de tal suerte que los induzca a compadecerse de sí mismos. Por el contrario, necesitan algo que estimule y fortalezca, y no que debilite.


La disciplina colabora con una vida de éxito

Finalmente, la disciplina permite una vida de éxito. Es porque “todo error, toda falta, toda dificultad vencida, llega a ser un peldaño que conduce hacia las cosas mejores y más elevadas”. De manera que “Por medio de tales vicisitudes han logrado éxito todos los que han hecho de la vida algo digno de ser vivido to”. El psicólogo Yves de La Taille afirma que la existencia de límites restrictivos forman parte de la “buena vida” y son necesarios para alcanzarla y disfrutarla. En este caso, la educación y los educadores deben ayudar a los niños a construir y valorar tales límites.

Los cinco factores mencionados anteriormente deben ser comprendidos en la perspectiva de que “el objeto de la disciplina es educar al niño para que se gobierne solo. Se le debería enseñar la confianza en sí mismo y el dominio propio”. Por eso, es importante que el niño participe del proceso disciplinario para aprender a autocontrolarse, pues se entiende que la persona que solo confía en el juicio de los demás, tarde o temprano será corrompida y recibirá influencia negativa. La enseñanza del autocontrol le puede otorgar autonomía al niño, lo que puede ser decisivo para que ella aprenda a tomar buenas decisiones, así como a administrar sus decisiones y a asumir la responsabilidad por ellas.


Disciplina y autonomía

Sabemos que el autocontrol tiene que ver con la autonomía, porque solo un niño autónomo puede ejercer el autocontrol adecuado. Y es Paulo Freire quien afirma la importancia de “estimular la necesidad de autonomía o de autoafirmación a un niño tímido o inhibido”. Podemos sostener, entonces, que el niño estimulado adecuadamente puede ejercer autocontrol. Y eso es fruto del proceso de disciplina.

Por otro lado, el niño que es abandonado a su propia voluntad tendrá problemas más adelante cuando enfrente pruebas y frustraciones, porque puede llegar a demostrar el hábito de actuar por impulso. La impulsividad es uno de los grandes males que resultan de la falta de disciplina o límites. Lo que vemos en el siguiente párrafo es una especie de resultado de una educación que concede “libertad absoluta”, en la que el niño se comporta como quiere, sin ninguna especie de control:

Es imposible describir el mal que resulta de dejar a un niño librado a su propia voluntad. Algunos de los que se extravían por habérselos descuidado en la infancia, volverán en sí más tarde por habérseles inculcado lecciones prácticas; pero muchos se pierden para siempre porque en la infancia y en la adolescencia recibieron una cultura tan sólo parcial, unilateral. El niño echado a perder tiene una pesada carga que llevar a través de su vida. En la prueba, en los chascos, en la tentación, seguirá su voluntad indisciplinada y mal dirigida. Los niños que nunca han aprendido a obedecer tendrán caracteres débiles e impulsivos. Procurarán gobernar, pero no han aprendido a someterse. No tienen fuerza moral para refrenar su genio díscolo, corregir sus malos hábitos, o subyugar su voluntad sin control. Los hombres y las mujeres heredan los errores de la infancia no preparada ni disciplinada. Al intelecto pervertido le resulta difícil discernir entre lo verdadero y lo falso.[2

Un niño sin autocontrol puede ser un niño impulsivo, que no tiene dominio sobre sus acciones, lo que le puede traer graves perjuicios, pues no sabrá tratar apropiadamente con su libertad.

Cuando se habla de disciplina, el propósito no es simplemente afirmar que la persona debe someterse a un código de conducta. Lo que se enfatiza es la necesidad de que cada persona desarrolle el autocontrol para ser capaz de tomar sus propias decisiones. En este proceso, la escuela y el hogar son muy importantes y poseen el desafío no solo de ejecutar un proceso pedagógico, sino también de suscitar un estilo de vida. Toda esta preocupación va en el sentido de ayudar a tener cuidado con “la libertad ilimitada permitida a los hijos hoy en día”, que ha “mostrado ser la ruina de miles”. Permanece el desafío de que padres y escuelas practiquen una educación suficientemente autónoma y al mismo tiempo responsable, ya que es mucho más fácil defender “viejas o nuevas certezas y decidir, sin matices, colocar severamente incontables límites o, al contrario, abdicar para siempre de ese papel”.

De algo podemos estar seguros: la disciplina de manera equilibrada colabora en el desarrollo de niños y jóvenes maduros, ya que el niño “que no sabe cuáles son sus límites de comportamiento, se siente también inseguro y no amado. Encuentra libertad cuando conoce esos límites con seguridad”. Este conocimiento personal da como resultado el autocontrol, posible gracias a una educación que centra su atención en la libertad humana.


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