El potencial que hay en ti

 

Sabemos lo que somos, pero no lo que podemos llegar a ser. Shakespeare.

 
UN FAMOSO escultor pasó un día junto a las tierras de un hombre muy rico y vio que, apilados en el suelo, había varios troncos. Entonces le preguntó al propietario: “¿Qué va a hacer con esos troncos?” “Los voy a tirar, porque no me son útiles para nada”, respondió el hombre. Así que el escultor le pidió permiso para llevarse uno. “¿Quiere usted llevarse algo que no sirve para nada? -preguntó sorprendido el rico hacendado- Adelante, elija el que más le guste, puede llevárselo”. Y así lo hizo.
 
De aquel tronco inservible, el escultor hizo surgir una majestuosa águila, y colocó la escultura a la entrada de su modesta cabaña. En una ocasión, el hombre rico pasó frente a la cabaña del escultor y se quedó maravillado con la estatua del águila. “¿Me la vende? -preguntó- Le pagaré lo que me pida”. “De acuerdo -dijo el escultor- Son quinientos dólares”. Y se la vendió. Luego añadió:
“Acaba de comprarme la madera inútil que usted mismo me regaló”.*
 
Existe un gran potencial en todos y cada uno de nosotros. Yo he tenido la suerte de que han pasado personas por mi vida que me han hecho ver esta realidad, porque al observarme a mí misma, yo veía apenas un tronco inservible. Tal vez tú, querido amigo, te ves defectuoso, o te hayan hecho creer que no vales mucho, pero eres alguien con enormes posibilidades. Dios te ha creado así, con un potencial inmenso, y quiere ayudarte a desarrollarlo si le dejas actuar en ti, a pesar de tus limitaciones, de tus errores, y de todo lo que te impide valorarte como debes.
 
Todos hemos cometido errores. Todos tenemos limitaciones. Y siempre va a haber quien nos parezca mejor y más preparado que nosotros. Pero hay un gran Escultor que día a día nos va tallando con su Espíritu, si nos ponemos en sus manos.
 
Grandes hombres y mujeres de la Biblia parecían poco prometedores a la vista de sus contemporáneos, o empezaron mal sus carreras, o cometieron graves errores. Pero sobre esa materia prima falible que es el ser humano, el Escultor divino pone su mano y trabaja para producir grandes transformaciones. Solo hace falta que lo creamos y actuemos en consonancia.
 

“El hombre se fija en las apariencias, pero yo me fijo en el corazón” (1 Sam. 16:7).

 

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May 21, 2020

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