Todo tiene explicación


Photo by Benjamin Davies on Unsplash

Se llenó de amargura mi alma, y en mi corazón sentía punzadas. Tan torpe era yo, que no entendía; era como una bestia delante de ti. Sal. 73:21,22.

Hay cosas que no tienen explicación. Un día visité en el hospital a una joven que había intentado suicidarse. El novio le había dejado faltando tres semanas para el casamiento.

¿Por qué Dios permitió que me pasara eso a mí?, me preguntó llena de amargura. A veces me gustaría tener todas las respuestas. Las personas se sienten asfixiadas por aquel dolor: ¿Por qué hay padres que perdieron a su hijo, gente que fue víctima de una tragedia? ¿Por qué hay personas sinceras que no logran entender tantos "porqués de la vida"?

El salmo de hoy describe la amargura que sintió un hombre al preguntarse tantas cosas y recibir como respuerta apenas el silencio de Dios. Este hombre se llamaba Asaf. Hay cosas que él no entendía. ¿Por qué los justos sufren y los impíos prosperan? ¿Qué clase de Dios es ese que parece incapaz de atender el clamor de sus hijos?

Para poder comprender algunas cosas tú necesitas retirarte, meditar, observar y permitir que Dios te hable al corazón. Fue lo que le pasó al salmista. El salmo 73 es el fruto del tiempo que Asaf tomó para meditar.

La reflexión de Asaf no fue aquella reflexión introspectiva o filosófica, a través de la cual tú prentendes llegar a respuestas dentro o alrededor de ti, analizando las circunstancias que envuelven los hechos. Asaf dice: "Cuando pensé para saber eso, fue duro trabajo para mí, hasta que entrando en el santuario de Dios, comprendí el fin de ellos".

El santuario no era para Israel apenas un templo físico, era también la presencia de Dios. A solas con Jesús, en su compañerismo y en sus brazos, tú verás que hasta las cosas incomprensibles de esta vida, tienen sentido.

Cuando finalmente Asaf entendió que las conquistas y victorias de los impíos no significan necesariamente una victoria, que el sufrimiento de los justos no es una derrota, tuvo vergüenza y dijo: "Se llenó de amargura mi alma, y en mi corazón sentía punzadas. Tan torpe era yo, que no entendía; era como una bestia delante de ti".

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