¿De quién será la tierra?


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Porque los rectos habitarán la tierra, y los perfectos permanecerán en ella. Prov. 2:21.

El sueño de Israel era heredad la "tierra". Para ellos, la "tierra" era Canaán, el lugar que Dios había prometido otorgar a Abram y a su descendencia. Pero cuando Salomón escribió este proverbio, los hijos de Israel ya habitaban en Canaán. Jerusalén era la capital. Por lo tanto, la promesa que estudiamos hoy, se refiere a otra "tierra", y no simplemente a esta tierra. El salmo se refiere a otro mundo mejor, adonde el pecado no llevó los flagelos del dolor y la tristeza.

En este mundo hay lagrimas, tragedias y muerte. La sabiduría que Dios le ofrece a sus hijos no es un antídoto contra esas cosas, sino la habilidad de lidiar con ellas y salir victoriosos. Jesús mismo dijo: "En el mundo tendréis aflicción..."

Pero aunque los que siguen los consejos divinos tienen la habilidad de administrar los problemas de esta vida, el plan de Dios es llevarlos a un mundo mejor. "Vi un cielo nuevo y una tierra nueva; porque el primer cielo y la primera tierra pasaron, y el mar ya no existía más... Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; ya no habrá muerte, no habrá más llanto, ni clamor, ni dolor; porque las primeras cosas pasaron".

En el consejo de hoy, Salomón presenta la integridad como resultado de una vida sabia y como requisito para experimentar, aun en esta vida, parte de las bendiciones prometidas por Dios.

Integridad viene de la palabra entero. El todo sin una parte no es íntegro. No es posible para el ser humano ser feliz, dividiéndose ante las circunstancias de la vida. Dividirse es ausencia de compromiso y produce desintegración.

Querer andar por dos caminos al mismo tiempo es una imposibilidad, además de una tontería. La ambigüedad destruye y mata. Mata los sueños, los valores y los principios. Y sin principios no existe vida. Son ellos los que sustentan la existencia. Imagina por ejemplo, el caos que habría si no existiera el principio de la gravitación.

La pregunta de hoy, es: ¿Soy coherente? ¿Hay armonía entre mis palabras y mis actos? ¿Hay integridad en mi proceder? ¿Estoy yendo a una tierra mejor, o estoy tratando de ir, pero en realidad no estoy yendo? Esa es la clave: "Porque los rectos habitarán la tierra, y los perfectos permanecerán en ella".

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