Nacido en pecado


Photo by Diana Simumpande on Unsplash

"He aquí, en maldad he sido formado, y en pecado me concibió mi madre". Sal. 51:5.

El joven que hablabla conmigo, acababa de perder su empleo otra vez. Estaba triste, porque con el dinero que recibía pagaba sus estudios en la Universidad. "Lo peor de todo -dijo afligido-, es que soy el único culpable. Soy orgulloso y explosivo y eso está destruyendo mi vida".

Como este joven, existen muchas personas que se dan cuenta que hay algo que no anda bien con ellas, que tratan de cambiar, pero no lo consiguen. Son conscientes de que hay dentro de ellas una fuerza extraña que las lleva a hacer cosas que no les gustaría hacer, y se preguntan: ¿Por qué soy así?

La respuesta está en el versículo de hoy. David también tenía ese problema que lo llevó, no solo a perder el empleo, sino casi la vida eterna.

Este salmo fue escrito después de que David mandó matar a Urías, para esconder su adulterio con la esposa de su general. Fue un pecado consciente y premeditado. Al comienzo, cuando la tentación apareció, él intentó huir, pero descubrió que dentro de él había una fuerza misteriosa que lo empujaba lejos de Dios y de sus principios.

David cayó y cayó feo. Meses después, cuando pensaba que había cometido el crimen perfecto, se confrontó con el profeta Natán y no pudo huir de su pecado. El salmista corrió desesperado, entró en una cueva, y arrepentido escribió el Salmo 51.

En el versículo de hoy, David habla de la naturaleza pecaminosa. Dice: "Nací en pecado". Todos nacemos en pecado, separados de Dios y con una naturaleza a la que no le gusta andar en los caminos de la vida. Es una naturaleza egoísta que cobija y alimenta los sentimientos más grotescos del ser humano: celos, envidia, maledicencia, codicia, lascivia, etc.

Nadie tiene la culpa de haber nacido así. La culpa que cargamos es no querer tomar el remedio para ese problema. Jesús murió en la cruz del Calvario y compró nuestra libertad. Por tanto, hoy solo continúa siendo esclavo de la naturaleza pecaminosa, el que quiere.

No trates de luchar solo. Con el esfuerzo humano puedes disfrazar, aparentar y disimular. Pero no puedes cambiar. La única esperanza de transformación está en Cristo. Solo en él hay vida. Vida plena, abundante y llena de significado, pero eso únicamente puede ser realidad en la vida de la persona que quiere reconocer: "He aquí, en maldad he sido formado, y en pecado me concibió mi madre".

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