Yo soy tu Dios


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Oye, pueblo mío, y hablaré, escucha, Israel, y testificaré contra ti: Yo soy Dios, el Dios tuyo. Salmos 50: 7.

Hay muchas voces. Todas pretenden tener la verdad. No es políticamene correcto creer que hay una sola verdad. El relativismo dio origen al pluralismo. Todos quieren ser oídos. Desde el punto de vista bíblico, las personas necesitan ser escuchadas y respetadas.

Dios le dio a cada uno el derecho de escoger su camino, ateniéndose a las consecuencias de su elección, Ni el mismo Creador obliga a la criatura a aceptar algo que ella no quiere.

Al pueblo de Israel, Dios le dijo: "Os he puesto delante la vida y la muerte, la bendición y la maldición; escoge, pues, la vida, para que vivas tú y tu descendencia".

En el salmo de hoy Dios pide que lo escuchemos. El ser humano parece dispuesto a escuchar cualquier voz, menos la de Dios. Crea sus propias teorías, establece sus criterios, define sus valores, determina qué es moral o inmoral. Se zambulle en sus filosofías existencialistas, en su razonamiento humanista y, haciendo uso de la libertad que Dios le dio, niega, inclusive, a su Creador.

Pero Dios dice: "Oye, pueblo mío, y hablaré; escucha, Israel". ¿Por qué desea Dios ser oído? ¿Por qué llama la atención de la gente? "Yo soy Dios, el Dios tuyo", dice él. ¿Necesita, acaso, la obediencia de sus hijos para continuar siendo Dios? ¿Se alimenta de la actitud servil de sus criaturas? ¡Claro que no! Llama la atención de los hijos porque desea verlos felices. Conoce el fin desde el principio; sabe, mejor que nadie, qué conduce a la vida o a la muerte. Él es Dios.

El ser humano crea una infinidad de pequeños dioses: ideas, filosofías, objetos. Prefiere oír a esos dioses fabricados. Al hacerlo, sigue sus propias inclinaciones. Pero Dios nos recuerda: "Yo soy Dios, el Dios tuyo". Tú puedes decir: "Sí, Señor, te acepto" o puedes también seguir andando en tus caminos y escogiendo tus propias veredas.

¿De qué tamaño es tu dios? Eso va a determinar tu actitud ante los problemas de la vida. Un dios pequeño puede funcionar cuando todo va bien, pero cuando la tormenta llegue, ¿qué "energía" será capaz de librarte de la angustia? Por eso, hoy, escucha al Señor diciendo: "Oye, pueblo mío, y hablaré; Escucha, Israel, y testificaré contra ti: Yo soy Dios, el Dios tuyo".

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