El riesgo de correr riesgos: los beneficios de dejar que los peques tomen riesgos


Photo by frank mckenna on Unsplash

La frase de “Mamá helicóptero” o “Papá helicóptero” se usa mucho hoy en día. Se usa para describir a los padres que sobreprotegen a sus hijos del riesgo o el fracaso, ya sea físico o emocional.

La mayoría de nosotros no somos tan extremos como los “papás o mamás helicópteros”, pero igualmente queremos proteger a nuestros peques. El permitir que éstos asuman riesgos puede ser un desafío para nosotros también. A veces se necesita que hagamos un esfuerzo consciente para permitir que se arriesguen en algo. Precisamente de esta manera es como aprenden la confianza en sí mismos y el dominio de muchas habilidades físicas.

Si bien todos entendemos que para que los peques puedan ganar confianza en sí mismos y se desarrollen como individuos, es necesario aprender a correr riesgos, aún así puede ser difícil saber dónde están los límites: “¿En qué punto interferir y cuándo dar un paso atrás?”

A medida que nuestros peques prueban cosas nuevas, se vuelve aún más desafiante saber equilibrar cuánto riesgo es apropiado que corran. Afortunadamente, existen algunas estrategias que puedes usar para ayudarles a encontrar un término medio.

Asunto riesgoso

La vida está llena de riesgos, sin embargo, la mayor parte es bastante inconsecuente y la gran parte pasa desapercibida. Tomamos decisiones todos los días que implican cierto nivel de riesgo (“¿Compro brócoli en lugar de chícharos esta semana y me arriesgo a que mi peque lo escupa de protesta?”) Con nuestros peques, es lo mismo. No todos los “riesgos” son obvios. Aprender a andar en patineta o treparse a un árbol implica un riesgo físico y obvio.

También están los riesgos que no son tan obvios: dejarlos que saquen malas calificaciones cuando se niegan a estudiar para una prueba; permitirles que sientan rechazo o desilusión cuando no forman parte del equipo de softball.

Permitir que tu peque corra riesgos es una parte importante de su desarrollo. Le ayuda a aprender a manejar los desafíos. Sin embargo, no siempre es claro qué tipo de riesgos son los mejores para tu peque.

¿Peque cauteloso o temerario?

Algunos peques nacen listos para la acción, mientras que otros son más cautelosos. La mayoría de nosotros cabemos en algún punto intermedio. Saber en qué punto se encuentra tu peque puede ayudar a guiar la forma de criarle.

  • Arriesgados: los peques arriesgados disfrutan de las alturas, la velocidad y la emoción.

  • Aversos al riesgo: algunos peques necesitan más estímulo cuando se trata de tomar algunos riesgos. La clave para motivar a tu peque a probar algo que esté fuera de su área de confort es guiarle y apoyarle de manera positiva y amable.

Correr riesgos de manera razonable

Los riesgos nos permiten aumentar la confianza en nosotros mismos y dominar ciertas habilidades. Los niños necesitan oportunidades diarias para probar cosas por su cuenta e incluso cometer errores. A continuación presentamos algunos puntos para considerarse:

  • Cuando hablamos de juegos arriesgados y de peques, no nos referimos a robar algo en la tienda o que se pongan a fumar. Nos referimos a sus actividades cotidianas y entornos de aprendizaje, tales como los “juegos bruscos”, ambientes al aire libre donde existen posibilidades de peligro (como una fogata, un río, animales, etc.), o el ámbito escolar en donde todos los días nuestros peques se enfrentan socialmente a los riesgos.

¿Cuáles son los beneficios de correr riesgos?

  • Aumento de la autoconfianza, la asertividad o la coordinación física y la fuerza.

  • Aprender la diferencia entre situaciones seguras y potencialmente peligrosas.

  • Mejora de las habilidades de planificación y la toma de decisiones.

  • Mayor conciencia de la seguridad.

  • Sensación de triunfo.

¿Cuáles son las posibles consecuencias de correr riesgos?

  • Lesiones: rodillas raspadas, extremidades rotas, conmoción cerebral.

  • Desafíos emocionales, como sentir el rechazo, la decepción o la vergüenza.

En el peor de los casos:

Evalúa la situación: ¿qué es lo peor que podría ocurrir si tu peque asume ese riesgo en particular y cuál es la probabilidad de que ocurra? Por ejemplo, “¿Cuál podría ser el peor de los casos de dejar competir a mi hija para que actúe en la obra de su escuela?” Lo más probable es que no participe en la obra y se sienta decepcionada. Sin embargo, al tomar el riesgo, no solo se desafió a sí misma, sino que adquirió una experiencia útil que la ayudará en futuras audiciones.

Nos impulsa el instinto de protegernos a nosotros mismos y a nuestros peques: es cuestión de evolución. También es por eso que siempre estamos atentos a las posibles amenazas: estructuras de juego de aspecto cuestionable, clavos oxidados, calles llenas de tráfico…

Esto no quiere decir que debes dejar que tus peques anden vagando sin supervisión. Se trata más bien de dar un paso hacia atrás para evaluar dónde puedes darle a tu peque la oportunidad de desafiarse a sí mismo. Tal vez le pidas que trepe a una rama más alta de un árbol (o que lo trepe todo) o que le permitas tener una patineta para su cumpleaños (¡no olvides las rodilleras, las coderas y el casco de protección!). De cualquier manera, una toma de riesgos saludable y razonable tanto físico como emocional es parte necesaria del desarrollo de un niño. Con tu guía podrás ayudar a tu peque a que gane confianza y domine nuevas habilidades.

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