Hay perdón


Photo by David Marcu on Unsplash


Autor: Alejandro Bullón- Cada día más sabio


La misericordia y la verdad se encontraron; la justicia y la paz se besaron. Sal. 85:10.


El martillo de la culpa es cruel. Te crucifica en el madero de tu propia historia. Los clavos de los recuerdos paralizan tu vida. Las personas pasan y tú quedas paralizado. Como si la derrota fuera el autocastigo que "mereces".


Cuando la culpa no te perturba, puede ser aún más peligroso. El cinismo es fatal. Es el abismo sin fondo, de donde no hay retorno. Es el punto final de cualquier historia.


El salmista demuestra en el Salmo 85 cómo Dios lidia con el poblema de la culpa del ser humano. Este salmo habla del Calvario. Allí, en una cruz, se encuentran la gracia y la verdad, y se besan la justicia y la paz.


Al andar en sus propios caminos, la criatura escoge voluntariamente el camino de la muerte. No había esperanza en su triste existencia. El principio universal de la justicia establecía la concecuencia natural de su elección: muerte. Esta es una verdad incuestionable. No es el castigo divino. Es un hecho. Una realidad lógica, la criatura rebelde había perdido el derecho a la vida. La muerte era justa. La justicia y la verdad están unidas en su veredicto de muerte. Pero en el Calvario la justicia no se encuentra con la verdad, sino con la gracia. ¿Qué es la gracia? Es un regalo, una dádiva. Tú no la mereces. Nadie la merece. La justicia demanda que el hombre muera. Pero quien muere es Jesús y por gracia le otroga salvación al hombre.


La verdad es que la criatura pecó y merece morir. En la cruz, esa verdad se besa con la paz. El hombre acepta el perdón divino y, aunque es verdad que pecó, experimenta paz porque Jesús murió en su lugar. Tu culpa fue expiada. El precio de tu rebeldía fue pegado, tu pecado fue perdonado. No lo pretendas entender. Solo acéptalo.


No más noches de insomnio. No más culpa, ni desesperación, ni ganas de morir. Un nuevo día amanece en tu vida. El Señor te entrega una página en blanco, para escribir una nueva historia.


Comienza hoy una nueva experiencia. Cuando el martillo de la culpa golpee tu corazón, cuando la conciencia te grite: "Culpable", y la historia de tus errores te atormente, mira a la cruz del Calvario, donde "la misericordia y la verdad se encontraron; la justicia y la paz se besaron".


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