¿Quién escapa?


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Autor: Alejandro Bullón, cada día más sabio



El testigo falso no quedará sin castigo, y el que habla mentira no escapará. Prov. 19:5.


Dos pensamientos se destacan en el texto de hoy. El primero es: toda acción humana tiene una reacción. El falso testigo recibe el castigo. El segundo es: El mentiroso no va muy lejos. Más tarde o más temprano, es descubierto y expuesto a la vergüenza.


Ambas actitudes, la del testigo falso y la de la mentira, tienen raíces egoístas. El testigo falso vende su conciencia por dinero o algún otro tipo de ventaja. Una señora que fue atropellada por un auto, declaró en el lecho de muerte que el testimonio que había dado hacía años en un tribunal, testimonio que había destruido la vida de una persona, había sido comprado y quería ahora pedir perdón a la víctima. El gerente de una gran empresa llegó a la cima de la misma usando mentiras. Entre ellas estaba el hecho de que nunca había acabado el curso de administración de empresas. Su título era falso.


En el caso de la mujer, el resultado de vender su conciencia tuvo como consecuencia la desesperación y la angustia hasta su muerte. En el segundo caso, el resultado final fue la vergüenza a la que fue expuesto cuando se descubrió la mentira.


Si los motivos de ambos eran egoístas, si ambos buscaban beneficios, ¿por qué tuvieron un final triste?


El versículo de hoy responde esa pregunta. Todo tiene un precio. Todo acto tiene una consecuencia. En el momento puede parecer una ventaja, pero el tiempo es juez implacable. La pintura superficial se cayó y de repente tú te encuentras con la realidad grotesca.


La verdad es dolorosa. Pero no huyas de ella. Huir de la verdad es huir de la realidad y caer en un pozo sin fondo. En esa caída vertiginosa tú pierdes la noción de las cosas. Confusión, angustia, tormento diario. Tú quedas incapacitado para ver y disfrutar de las pequeñas satisfacciones que la vida te presenta. El dolor de ser o no ser asfixia. Tu personalidad queda distorsionada y tu identidad se desfigura. ¿Quién eres tú? ¿Aquél que las personas creen que eres o aquél que tú verdaderamente sabes que eres? ¿Cómo puedes tener paz? ¿Cómo puedes ser feliz si solo hay confusión dentro de ti?


En Jesús los dolores se acaban. Ante él nadie necesita aparentar. Él es la verdad y la vida. Teniendo a Jesús en tu corazón, tus pies caminarán en la verdad y tus labios no proferirán metiras. Piensa en eso, porque "el testigo falso no quedará sin castigo, y el que habla mentira no escapará".


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